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Obama en un videojuego

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Se trata de una manera brillante de llegar a una cantidad muy alta de potenciales electores, puesto que son muchos los hombres de entre 18 y 35 años que pasan más tiempo jugando que frente al televisor o leyendo el periódico.

La utilización de las llamadas nuevas tecnologías como instrumento de campaña electoral ya es común en casi todo el mundo, pero en Estados Unidos está más desarrollada y demuestra mayor frescura que en otros países. Eso es especialmente evidente si se compara, por ejemplo, con España. En nuestro país todavía es muy cutre.

La utilización de las nuevas tecnologías se limita al envío de mensajes a móviles, páginas web de partidos políticos que no destacan por su calidad, redes de blog (como La blogosfera progresista del PSOE o I Love IU) caracterizadas por la disciplina de partido, las bitácoras de algunos destacados miembros de cada formación política (que en más de un caso ni tan siquiera escriben ellos), videos con tan mala calidad como mal gusto (especialidad de Juventudes Socialistas) y canales en YouTube como el del PP. En un alarde de supuesta originalidad, eso sí, todos entraron en SecondLife, e incluso Llamazares dio en ese mundo virtual un mitin tan raquítico como sobredimensionado mediáticamente.

Se echa de menos la frescura y la originalidad. Todo discurre por los esquemas que dominan la política tradicional española: falta de innovación, estructuras piramidales y disciplina de partido. Es la formación política la que dice lo que se debe hacer, sin dejar lugar alguno a la iniciativa de simpatizantes y afiliados. Por si fuera poco, dado que los partidos están dirigidos por personas formadas en la política tradicional, se siguen esquemas más propios de la era pre-Internet y no se aprovechan las posibilidades que ofrecen la red y tecnologías cercanas.

No sólo es difícil imaginar que Rajoy o Zapatero incluyan un anuncio en un videojuego, también resulta casi inconcebible que los partidos toleraran sin desmarcarse de sus promotores iniciativas como los exitosos vídeos sexys protagonizados por la Obama Girl y otras seguidoras de políticos norteamericanos. En el caso de que algo parecido surgiera en España en próximos comicios, sería sin duda dirigido desde Génova, Ferraz o la sede de cualquier otro partido. Eso significaría más consigna, falta de originalidad y poca frescura. Algo, esto último, de lo que está muy necesitada la política española.

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