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Terminator contra los videojuegos

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Sin embargo, la norma nunca ha llegado a aplicarse debido a que un tribunal de apelación consideró que atenta contra la libertad de expresión reconocida en la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos. Sin embargo, el promotor de la restrictiva regulación, el senador estatal Leland Yee, y el Ejecutivo de "Governator" no se dieron nunca por vencidos.

El Tribunal Supremo de EEUU ha aceptado el recurso presentado por las autoridades californianas, por lo que la máxima instancia judicial será la encargada de decidir en última instancia si la ley en cuestión viola o no la libertad de expresión. Con independencia del desenlace, no deja de resultar sorprendente que un Gobierno encabezado por el actor que ganó una fortuna con películas como las que conforman la saga Terminator, Commando o Depredador se haya empecinado en una ofensiva tan larga contra la violencia en la ficción.

Como no podía ser de otra manera, la Asociación de Software de Entretenimiento (ESA, por sus siglas en inglés) y las empresas implicadas en el sector (editoras, distribuidoras y vendedoras) se oponen con fuerza a la norma. El presidente de la ESA, Michael Gallagher, ha recordado algo que debería resultar de sentido común: "Los videojuegos deberían tener las mismas regulaciones que los libros, las películas y la música".

Esto último es la clave del asunto. Yee y Schwarzenegger pretenden imponer a los videojuegos una ley mucho más restrictiva que las existentes para otro tipo de entretenimientos. De hecho, seguramente "Governator" no hubiera querido jamás una ley similar para las películas, muchas de ellas con un altísimo contenido violento, que él mismo protagonizó durante su etapa de actor de cine.

Con su empeño, el gobernador de California se pone en esta cuestión a la altura de Hugo Chávez. El caudillo venezolano, al que le encanta fotografiarse con armas y en uniforme y no duda en utilizar la violencia, también prohibió el mismo tipo de software de entretenimiento. Eso debería hacer reflexionar a Terminator. Ninguno de los dos (y otros muchos en numerosos países, por cierto) parece querer aceptar que son los padres quienes deben decidir si un videojuego es adecuado o no para sus hijos. Lo mismo que con las películas o los libros, ni más ni menos

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