La extracción de Maduro y el orden internacional

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Mi tesis va a ser una y va a ser clara, primero y principal: la extracción de Maduro fue positiva tanto para el orden internacional como para la libertad.

Si el sistema es abierto, la autoridad no se impone solo por la fuerza:

Quiero responder a las preguntas abiertas y comentarios del gran profesor Bastos en su conversación con Rallo sobre Venezuela:

Ilustración 1: Cuenta no oficial en X que cita al profesor Bastos

En su análisis sobre Venezuela, el profesor dijo sin duda cosas muy acertadas. Sin embargo, también considero que simplificó el funcionamiento de las estructuras sociales anárquicas, reduciéndolas a una mera cuestión de supremacía del más fuerte. Esta es, de hecho, una idea contra la que los liberales tenemos que batallar constantemente.

Las empresas grandes no triunfan simplemente por ser grandes ni tienen vía libre para aplastar a las pequeñas. En el mismo sentido, aunque en un terreno distinto, el Estado no existe para protegernos de que el más fuerte se imponga sobre el resto. Lo que hace el Estado es monopolizar el liderazgo, la autoridad y el gobierno, impidiendo que la sociedad determine libremente a quién reconoce como autoridad. Ya sean empresas o empresarios, gremios, líderes locales o comunitarios, líderes religiosos o incluso influencers.   

Estados Unidos no ocupa su posición geopolítica únicamente por tener el ejército mejor armado del mundo. Su liderazgo también se explica por sus instituciones económicas y políticas, por su historia y por su participación efectiva en conflictos anteriores. Es la conjunción de todos estos elementos la que le otorga el liderazgo internacional del que goza hoy y, al mismo tiempo, la que explica las enormes dificultades que tienen otros actores como China o la Unión Europea para sustituirlo.

Este liderazgo, sin embargo, es un arma de doble filo. Si para sostener un orden internacional no basta con la fuerza, entonces también se puede perder la posición por más de una vía. Si, en términos relativos, tus instituciones o tu capacidad militar se deterioran más rápido o de forma más acusada que las de los demás agentes del sistema, el riesgo de perder liderazgo es real.

La extracción de Maduro demostró que Estados Unidos conserva la capacidad de ejecutar una operación militar compleja y, además, el capital moral para hacerlo buscando minimizar bajas y reducir los costos del cambio político que, a los ojos de la mayoría de los actores del sistema internacional, era necesario. A diferencia de otras operaciones en el pasado que erosionaron la reputación y el respeto hacia Estados Unidos como autoridad, la extracción de Maduro fortaleció ambos.

Ahora bien, dentro de los Estados donde el sistema de determinación de la autoridad política está cerrado, la autoridad sí puede imponerse exclusivamente por la fuerza. El mejor ejemplo de esto es la Venezuela chavista. Aun sin apoyo mayoritario, no existía una vía efectiva de rebelión porque la ciudadanía carecía completamente de fuerza material, es decir, de armas.

En conclusión, la autoridad siempre requiere fuerza. Pero cuando el resto de los agentes también dispone de ella, como debería ser, la autoridad necesita algo más. Requiere una cierta virtud relativa que la haga digna de ser seguida y reconocida.

¿Por qué a algunos tiranos si los deben atacar y a otros no?

Ilustración 2: Cuenta no oficial en X que cita al profesor Bastos

Para responder esta pregunta sin darles a los políticos un aire de benevolencia, voy a ejemplificarlo con mafias, porque funcionan de manera similar a los políticos: Al igual que los Estados, las mafias compiten entre sí, pero también cooperan y pueden mantener relaciones de codependencia. En caso de que algo atente contra todas a la vez, pueden actuar coordinadamente. Es decir, aunque son agentes competidores, también son agentes cooperadores. Y ahí está la clave: aunque pueda parecer que entre mafias o delincuentes no existe un código, sí lo hay. Aunque siempre hay desconfianza entre ellos, la desconfianza no puede ser absoluta. Es decir, deben cumplirse esos códigos mínimos para poder cooperar cuando sea necesario.

Si una mafia no respeta ningún pacto, si toma territorios continuamente sin permiso y ataca a la cabeza de otra mafia —al igual que los Estados, que suelen atacarse en los pies— entonces se convierte en un problema para el orden anárquico entre las mafias. Con esto quiero decir que aunque todos los Estados sean delincuentes, algunos más descarados que otros, la necesidad de cooperar entre ellos favorece el surgimiento de cierta moralidad que impacta positivamente en las relaciones entre Estados y también entre el Estado y sus ciudadanos.

Planteado desde otra perspectiva, si todos los políticos quieren más poder, ¿por qué no son todos los Estados como el chavista o el castrista? Actuar de forma tan inmoral perjudica tu capacidad de cooperar con otros agentes. Te puedes volver un “indeseable” para el sistema que, aunque anárquico, requiere cooperación.

De la misma forma, si Trump ordena la extracción de otro presidente sin justificación válida, Estados Unidos sí perderá buena parte de su posición respetada. Los mercados reaccionarían negativamente, la tensión internacional se agravaría y China ganaría influencia porque su reputación relativa mejoraría como consecuencia del deterioro de la de Estados Unidos.

Esto a su vez permite entender la relación internacional que existe con Hamas o Irán. No se trata de que Israel sea un santo. Se trata de que Hamas es un proyecto político incooperable porque quiere acabar abiertamente con otros Estados. Por eso, aunque muchos países condenen públicamente las acciones de Israel, siguen cooperando económica y militarmente con él y no con Hamas.

También, por supuesto, existe una relación costo-beneficio en la extracción de Maduro y la próxima finalización del chavismo. Ellos no solo son malos agentes cooperativos, sino que además son relativamente baratos de sacar, y eso ofrece beneficios geopolíticos y potencialmente electorales. La nueva doctrina de política exterior norteamericana lo contempla: el patio trasero de Estados Unidos es más barato de controlar y tiene grandes beneficios, en comparación con participar en guerras como la de Ucrania, que deben constituir principalmente el interés de Europa.

En conclusión, algunas tiranías son tolerables porque lo que las hace intolerables no es un asunto moral abstracto como “uno hace el mal y otro hace el bien”. No. Es un asunto moral concreto: no muestran que son agentes con los que se puede cooperar, ya sea porque son demasiado tramposos y chapuceros como el chavismo o porque son demasiado violentos y radicales como Hamas.

Y entonces, ¿por qué fue beneficiosa?

Si no se trata de una lucha contra “el mal” en abstracto, sino contra el mal cooperador, la pregunta correcta es esta. ¿Por qué es beneficioso acabar con los malos cooperadores y no con los malos en general? Los políticos, al igual que las mafias, no tienen incentivos para acabar con el mal en general. No es su función. Puede que obtengan algo de reputación o aparenten virtud denunciándolo, pero disponerse a perseguirlo de forma efectiva requiere que ellos ganen algo a cambio. Por eso, por ejemplo, la policía suele ser mucho más eficaz reprimiendo manifestantes que ponen en peligro a los políticos que persiguiendo delincuentes comunes que solo ponen en peligro a los ciudadanos.

Sin embargo, que se acabe con los malos cooperadores sí nos beneficia, porque existe una relación directa entre cooperación y moral. Eliminar a los malos cooperadores fortalece la señalización moral dentro del sistema internacional y eso, en última instancia, fortalece las libertades. Dicho de forma sencilla, quienes vieron lo que le ocurrió a Maduro se pensarán dos veces antes de seguir sus pasos. Y ese cálculo tiene un efecto contagio.

Por eso existen mafias más virtuosas que otras, y por eso también hay momentos históricos en los que los Estados, en su conjunto, han sido menos liberticidas que en otros. No porque hayan dejado de buscar poder, sino porque los costos de comportarse como agentes incooperables aumentaron.

La moral no aparece por iluminación ética ni por discursos grandilocuentes. Surge como resultado de sistemas donde cooperar es necesario y donde romper las reglas mínimas de cooperación tiene consecuencias reales. La extracción de Maduro operó precisamente en ese plano. No redimió al mundo, pero sí elevó el costo de imitar a los peores actores del sistema.

Miguél Solís
Author: Miguél Solís

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