Un miércoles laborable a las seis de la mañana, no pocos cientos de personas que luego llegaron a diez mil durante el día se reunieron alrededor del número 46 de la calle Saiz de Baranda. Para los que no vivan en este paraíso fiscal, esa calle está a espaldas del Retiro, al lado de donde la ministra de sanidad tiene su ático. No es una zona donde la reciente llegada de nuevos madrileños haya creado tensiones, precisamente. Vamos, que es una zona bien: un paseo al Retiro o al Barrio de Salamanca en cinco minutos.
La señora en cuestión, Mari Carmen Abascal, llevaba desde los 17 años habitando en esa vivienda. Había llegado a ese piso con sus padres con un contrato de renta antigua. Para los de la Generación Z, en la época de Franco se podían firmar contratos de alquiler vitalicios con unas revisiones (subidas) que ni de lejos cubrían la inflación. En 1994, el gobierno del PSOE terminó de eliminar esta posibilidad. Poco a poco, la gente con estos contratos ha fallecido y resulta muy extraño encontrarlos ya. Pero aquí había un truco: primero su madre, viuda de su padre, heredó el contrato (se llama subrogarse). Luego, al fallecer la madre en 2005, la hija podía quedarse en la vivienda, pero únicamente dos años más. Un tiempo prudencial para buscar una nueva vivienda. Recuerden que hablamos de un contrato de alquiler, sin ningún derecho a la posesión.
Pues bien, después de veinte años de pleitos que acabaron en el Tribunal Supremo, la pyme propietaria del inmueble por fin consiguió una orden de desahucio. El Sindicato de Inquilinas (¿) montó su actuación esperada: impedir a la Policía Nacional que ejecutase una orden judicial. A su salida de la vivienda, la señora tuvo los santos bemoles de afirmar que “Parece que el dinero está por encima de todo”. La que no se quería ir de Sainz de Baranda porque pagaba 500€ al mes. Hace falta tener valor.
Pero lo más divertido ha llegado durante la semana. Nuestro denominado Frente Amplio, heredero del Frente Popular, nos repite hasta la extenuación que son republicanos porque están en contra de los privilegios. Entre otras cuestiones, nos señalan las herencias como lo peor de lo peor, el Demonio en este mundo, por dar ventaja a ciertas personas respecto a otras. Todos debemos salir de la casilla de salida y llegar la meta a la vez porque pobrecillos los que se queden atrás, por las razones que sea. Eso sí, los contratos de renta antigua forman parte del caudal hereditario con más razón que un ducado. Eso no se puede extinguir al fallecer el titular del contrato, aunque el alquiler no devengue ningún derecho de posesión.
Con el fin de defender el derecho de una funcionaria jubilada a vivir en el Retiro por 400€ al mes, los indignados de esta generación acamparon en Sol el viernes. Esto recuerda mucho al primer 15 Meme: con el PSOE a punto de pegarse un castañazo en las próximas elecciones municipales, toca montar un cirio para tapar una gestión lamentable. Los muñecos de Mari Carmen, por supuesto, no saben que la izquierda lleva en el gobierno ocho años, que la situación de la vivienda tiene unas causas muy concretas y que dichas causas no es que se persigan desde el gobierno, sino que se incentivan. Gente que malvive en una habitación por 600€ mientras sortea las baldas de la cocina con desconocidos se va a defender el privilegio de alguien que no se ha comprado un piso en su vida, y mira que lo ha tenido fácil, porque no le ha salido de sus santas narices. Por supuesto, en su perfecto derecho está. Ahora, a apechugar con las consecuencias.
En Sol explicarán que la culpa es de los fondos de inversión, de los fondos buitre, del capital, de la especulación, del liberalismo, de Franco (a lo mejor aquí hay un ápice de verdad), del capitalismo, de la codicia, del egoísmo o de una confabulación internacional. Obviamente, esto se resolverá con una administración, seguramente la local y por supuesto gobernada por el Partido Popular. Como es de esperar, el Partido Popular será posteriormente culpado y escupido en las tertulias y televisiones. Porque están los que nunca aprenden y luego está Génova.

