Pico, pala y pasta

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En las últimas semanas hemos sido testigos de cómo una nueva crisis, esta vez por el acceso a la vivienda, se ha convertido en un festín populista que ha desembocado en una incomprensible acampada en la principal plaza del país y la explotación de la imagen de una anciana de 87 años con fines propagandísticos. Frente a este relato, se imponen los hechos: acceder a una vivienda en España resulta cada vez un reto más grande. Prueba fiel de ello son tres factores fundamentales: (I) la edad media de emancipación en España alcanzó los 30,0 años en 2024, frente a los 26,2 del conjunto de la Unión Europea, y en 2025 el 44,3 % de las personas de 26 a 34 años seguía viviendo con sus padres.[1] (II) entre 2018 y 2024, la media anual del Índice de Precios de Vivienda subió un 34,6 % en términos acumulados, frente a un incremento salarial acumulado del 23,0 %.[2] (III) en torno al año 2018, la vivienda ocupaba el decimoctavo puesto en las preocupaciones medias de los españoles; hoy es el primero.[3]

¿Y qué se sugiere para hacerle frente a esto? Por parte del gobierno y sus socios, lo esperable: regulación, control de precios, inseguridad jurídica y satanización de quienes alquilan inmuebles (hoy sabemos que existen no solo “fondos buitre”, sino “pymes carroñeras”[4] y por qué no… “individuos de rapiña”). Esta realidad es el marco que las autoridades gubernamentales quieren vender para ganar la próxima convocatoria electoral: solo el Estado puede darte una casa a un precio asequible, así que vótanos (aunque el problema se haya cronificado con nosotros).

Por supuesto, la realidad es muy compleja y las soluciones efectivas, muy distintas. El delirio intervencionista nunca ha bajado los precios de nada, sino que ha ensanchado un mercado negro y restringido la oferta. Lo que hay que hacer es justo lo contrario: construir y bajar impuestos. Suena a un recetario clásico (algunos lo llamarían “neoliberal”); sin embargo, es lo que funciona, sobre todo cuando el diagnóstico está tan claro. En un estudio que realicé en colaboración con Diego Sánchez de la Cruz e Iván Campuzano Hurtado[5], se evidencia el drama actual:

El Banco de España estima una brecha de unas 750.000 viviendas entre 2021 y 2025. Como referencia complementaria, la estimación del IJM asciende a 841.000 entre 2018 y 2025. En 2025 se terminaron unas 92.000 viviendas, frente a una creación neta de 240.000 hogares. (Sánchez de la Cruz et al., 2026)

Para paliar esto, hace falta construir, liberalizar el suelo, simplificar la tramitación y bajar impuestos a quienes quieran comprar una casa. Solo así, un país que ya ha sabido construir, y muy bien, puede recuperarse del drama habitacional que le aqueja. Una de las conclusiones principales del estudio en cuestión es que “la rebaja de tres puntos (en el ITP) reduce el efectivo inicial (necesario para obtener una hipoteca del 80 % del valor de un inmueble) un 10 %, mientras que la de cinco puntos lo hace un 16,7 %. Lo que disminuye es la cantidad que el joven debe haber ahorrado antes de poder firmar la compra” (Sánchez de la Cruz et al., 2026). Si esto se combina con una política de Estado favorable a la construcción masiva y un control migratorio más riguroso (puesto que no se puede recibir a 1 millón de personas al año y pretender bajar el precio de la vivienda), el asunto puede resolverse.

Sin embargo, esta propuesta es solo un aporte académico más a la larga lista de diagnósticos hechos por expertos en el tema, quienes siempre concluyen (con distintas variantes) que hay que agilizar la oferta para bajar el precio actual. Esto no es nuevo, sino tan viejo como la existencia de los precios y el mercado. El problema aquí no es académico o económico, sino político.

Nuestra clase gobernante se ha empeñado en cronificar un problema, explotarlo con fines electoralistas y vender soluciones de alquimista a realidades muy tangibles. Por consiguiente, la solución a la vivienda no solo pasa por el pico y la pala (i.e., construcción) y la pasta (menos impuestos y más dinero en los bolsillos de la gente), sino por una sociedad adulta, madura y responsable que exija y evalúe soluciones efectivas a sus problemas.

En estas semanas veremos muchas consignas, eslóganes y proclamas en defensa de derechos que no existen mientras se tapan realidades que sí. Frente a esto debemos armarnos con lógica e inteligencia para elegir entre la posibilidad de resolver este y muchos otros problemas, o causar un daño aún más difícil de resolver para las generaciones presentes y futuras. Utilicemos la cabeza.

Notas


[1] Eurostat. (2025). Age of young people leaving their parental household (Dataset yth_demo_030). Comisión Europea. europa.eu

[2] Fuentes, I. (14 de septiembre de 2026). El precio de la vivienda ha subido el triple que los sueldos en los últimos tres años: “Parte de la demanda empieza a quedarse sin margen”. 20minutos.

[3] Molina, R. (2026, 29 de septiembre). La vivienda era el 16º problema de los españoles cuando llegó Sánchez: ahora es el primero. OKDIARIO. https://okdiario.com/espana/vivienda-era-16o-problema-espanoles-cuando-llego-sanchez-ahora-primero-20418294

[4] Quintanilla, B. F. (2026, 1 de octubre). Isabel Rodríguez califica de “muy carroñera” a la pyme Urbagestión pero no aclara lo que es un fondo buitre para el Gobierno. Noticiastrabajo.

[5] Sánchez de la Cruz, D., Campuzano Hurtado, I., & Ureña Rodríguez, A. (2026). Fiscalidad y acceso a la primera vivienda en España: Cómo menos impuestos y mejores políticas económicas pueden reducir la barrera de liquidez. Instituto Juan de Mariana. https://juandemariana.org

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