Realismo y ley natural (II): el error filosófico que permite al Estado redefinir la libertad

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En el artículo anterior concluimos que la libertad y la propiedad solo se defienden con un ancla objetiva, inmutable y superior a cualquier pacto o cálculo de utilidad. La autopropiedad no es una invención humana, sino una exigencia inscrita en la naturaleza del ser humano. Pero ¿de dónde surge la arrogancia del Estado moderno para ignorar esa naturaleza y redefinir la realidad a su antojo? La respuesta es profunda y metafísica: la ley se volvió arbitraria cuando Occidente perdió la fe en las esencias objetivas y reales.

La cuestión de los universales

El problema eterno de los universales: ¿existe realmente la “naturaleza humana”? Durante siglos, los filósofos debatieron: ¿qué son los conceptos generales como “humanidad”, “justicia” o “bien”?

– Realismo exagerado (Platón): Los universales existen en un mundo ideal separado. Los individuos son copias imperfectas.

– Realismo moderado (Santo Tomás de Aquino): Los universales existen realmente en las cosas (in re). La “naturaleza humana” está presente en cada persona concreta. La razón la abstrae, pero corresponde a algo objetivo en la realidad.

– Nominalismo extremo: Los universales no existen fuera de la mente. Son solo nombres (nomina) o etiquetas que inventamos para agrupar similitudes. No hay esencias comunes reales.

La revolución de Guillermo de Ockham: la negación de las esencias

En el siglo XIV, el fraile franciscano Guillermo de Ockham radicalizó el nominalismo. Solo existen individuos concretos. Los universales son meros flatus vocis —”soplo de voz”—: sonidos vacíos sin realidad objetiva.

Consecuencias devastadoras: si no hay esencias objetivas, la moral y la verdad dejan de descubrirse en la razón y el orden de las cosas. Todo depende de la Voluntad pura. En teología, lo bueno es bueno no porque perfeccione la naturaleza, sino porque una Voluntad divina lo ordena arbitrariamente. Esta primacía de la Voluntad sobre la Razón es la semilla del estatismo moderno.

Del voluntarismo divino al voluntarismo político

Al secularizarse esta lógica, la voluntad creadora de la “verdad” pasó de Dios al poder humano.

El paso clave es este: si en el orden divino la norma moral no se deriva de la razón ni de esencias objetivas, sino de la voluntad omnipotente y libre de Dios (que podría haber decretado lo contrario sin contradicción), entonces —al eliminar a Dios o relegarlo— esa misma lógica se transfiere al hombre que detenta el poder. El soberano humano hereda el rol de “voluntad absoluta”: su mandato crea la ley y la moral, no la descubre.

Ya no hay límites racionales ni esenciales que obliguen al legislador. Lo que ayer era injusticia, hoy puede ser justicia por simple decreto. La ley deja de ser “ordenación racional al bien común” (como en Aquino) y pasa a ser mera expresión de voluntad soberana.

  • El soberano (rey absoluto, parlamento o mayoría democrática) se convierte en fuente única de ley, no en su descubridor.
  • Surge el positivismo jurídico: la norma es válida solo por haber sido promulgada, independientemente de su contenido moral.

Thomas Hobbes llevó esto al extremo: la Ley Natural es vaga e ineficaz; solo la voluntad absoluta del Leviatán impone orden. Como escribió en su Leviatán: “Auctoritas, non veritas facit legem” —”La autoridad, no la verdad, hace la ley”.

Miguel Anxo Bastos contra el legado nominalista

La crítica de Miguel Anxo Bastos al Estado inflacionario, a los impuestos como robo y a la democracia ilimitada es, en el fondo, una guerra contra este voluntarismo heredado.

Cuando Bastos denuncia que la democracia permite al 51% anular derechos inalienables del 49%, señala precisamente el “voluntarismo colectivo”: la mayoría redefinirla realidad moral por pura fuerza.

El Estado nominalista dice: “El robo es legal si yo lo promulgo”. Hoy lo vemos cuando gobiernos “democráticos” redefinen matrimonio, vida humana o propiedad por votación, no por descubrimiento racional de esencias objetivas.

El nominalismo dio al poder la licencia filosófica perfecta: crear “verdad” mediante coerción. Desanclada de la Razón y de la naturaleza humana, la ley justifica cualquier intervención o tiranía.

En el siguiente artículo

Si el nominalismo es la raíz del mal, el realismo moderado de Santo Tomás de Aquino es el antídoto racional y libertario por excelencia. Veremos cómo su solución al problema de los universales restaura la objetividad de la Ley Natural, convirtiéndola en el límite absoluto al poder y en el fundamento metafísico que el paleolibertarismo necesita para triunfar.

Bibliografía

·  Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, II-II, q. 66 (sobre la propiedad privada) y I, q. 79-80 (sobre los universales). Edición bilingüe recomendada: BAC.

·  Guillermo de Ockham, Summa logicae y comentarios sobre las Sentencias (origen del nominalismo extremo).

·  Thomas Hobbes, Leviatán, especialmente capítulos XIII-XVII y XXI.

·  Jesús Huerta de Soto, La escuela austríaca: mercado y creatividad empresarial y Socialismo, cálculo económico y función empresarial (defensa del orden jurídico basado en propiedad privada).

·  Escuela de Salamanca: Francisco de Vitoria y Domingo de Soto, tratados De iustitia et iure (elevación de la propiedad a derecho subjetivo natural).

·  Miguel Anxo Bastos, conferencias disponibles en YouTube: “Paleolibertarismo”, “Democracia y voluntarismo” y “Familia y capitalismo”.

·  Edward Feser, Aquinas: A Beginner’s Guide (excelente introducción moderna al tomismo, en inglés).

·  Murray N. Rothbard, La ética de la libertad (intento de fundamentación iusnaturalista libertaria, compatible y complementario al tomismo).

Serie ‘Realismo y ley natural’

(I) Por qué el Estado puede robarte legalmente

juandemariana
Author: juandemariana

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