El manifiesto de Palantir: la guerra cultural de una empresa de defensa

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El pasado 18 de abril la compañía tecnológica de defensa Palantir publicó en su cuenta de X un extracto de 22 puntos del libro The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West, escrito por su CEO, Alexander C. Karp, y uno de sus ejecutivos, Nicholas W. Zamiska.

En él defienden que Silicon Valley ha perdido su rumbo histórico. Las mentes de ingeniería más brillantes de Estados Unidos, que en las décadas de 1940-1960 colaboraron estrechamente con el gobierno y el Pentágono para crear tecnologías transformadoras (desde cohetes intercontinentales hasta los precursores de internet), se han desviado hacia aplicaciones de consumo superficiales: redes sociales, apps de reparto, algoritmos de publicidad y plataformas de fotos. Esta tiranía de las apps y el consumismo complaciente han erosionado la ambición colectiva, debilitado el poder duro (militar y tecnológico) de Occidente y dejado a EE.UU. vulnerable ante rivales como China en la nueva carrera armamentística de la inteligencia artificial.

El libro es un manifiesto político y cultural que exige una república tecnológica: una alianza renovada entre el sector tecnológico (especialmente el software y la IA) y el Estado para restaurar la supremacía occidental. El gobierno debe adoptar la mentalidad de ingeniería de Silicon Valley (ágil, orientada a resultados, iterativa y decidida), mientras que la industria tecnológica debe asumir su deuda moral con la nación que la hizo posible y redirigir su talento hacia los grandes desafíos: defensa nacional, seguridad interior (crimen violento), educación, salud y la era de la IA militar.

Sus principales propuestas son las siguientes:

  • Silicon Valley tiene la obligación moral de participar en la defensa nacional.
  • Si un marine estadounidense pide un mejor rifle (o software), hay que construirlo.
  • Considerar el servicio nacional universal o el regreso al servicio militar obligatorio para compartir riesgos.
  • El gobierno debe pagar mejor y atraer talento real; los burócratas no pueden ser “sacerdotes” intocables.
  • Resistir la psicologización de la política y la cancelación que ahuyenta talento del servicio público.
  • Valorar la excelencia cultural y rechazar el relativismo que equipara todas las culturas.
  • Abrazar el “poder duro” (software militar) junto con la “creencia blanda” (valores nacionales ambiciosos).

El manifiesto tiene dos vertientes interesantes:

Palantir no es una empresa más. Capitaliza en torno a los 350 mil millones de dólares y está teniendo un papel central en la guerra de Irán. Que publique negro sobre blanco una posición política tan claramente de derecha es un shock. Algo que viene a confirmar que en torno a la administración Trump se está formando una estructura de poder que le va a sobrevivir políticamente. La izquierda va a dejar de hablar de trumpismo para empezar a hablar de tecno fascismo.

Por otro lado, es un movimiento estratégico muy interesante:

La política ya no se entiende principalmente como el arte de gobernar, negociar compromisos y obtener resultados tangibles para la ciudadanía. En su lugar, se ha convertido en un escenario terapéutico donde millones de personas buscan:

  • Validación emocional
  • Expresión de su identidad personal
  • Satisfacción de necesidades psicológicas profundas (sentido de pertenencia, justicia moral, catarsis)

Es un diagnóstico que todos podemos compartir. Lo interesante viene en qué solución puedes aplicar a una situación como esta:

  • Que las élites tecnológicas y empresariales dejen de ser neutrales y se posicionen públicamente a favor de Occidente y del proyecto americano (como hace Palantir).
  • Reafirmar una identidad nacional fuerte y valores compartidos que den sentido a la vida más allá de la política, fomentando orgullo patriótico y ambición civilizacional (volver a soñar con grandes logros colectivos).

Puede parecer muy idealista, o simplemente un discurso alineado con los intereses de una empresa armamentística. Pero si dedicas el suficiente tiempo a conocer la figura de Alex Karp entiendes que no estamos ante alguien que haya analizado el tema a la ligera.

Como explicó Jonathan Haidt en La mente de los justos, la moral no es razonamiento puro, sino intuiciones emocionales rápidas (el “elefante”) que activan seis fundamentos morales innatos. Cada fundamento genera emociones específicas que guían los juicios morales de forma automática.

Karp está utilizando tres de esos fundamentos (lealtad, autoridad y santidad) para construir un proyecto político que pueda superar la actual situación de degradación social. Y lo hace sin atacar directamente a los dos sentimientos principales que utiliza la izquierda (equidad y compasión), sino que los redirige a algo que pueda ser compatible con un proyecto nacional compartido.

La libertad puede ser la gran sacrificada en esta estrategia. Todo dependerá del equilibrio que se cree en la confrontación entre el consenso socialdemócrata (o globalista) y la reacción nacionalista. El tiempo dirá si la república tecnológica de Alex Karp puede ser la opción menos mala para que la libertad sobreviva.

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