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Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina

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Mi intención este mes era escribir y entregar a mi editor en el Juan de Mariana un texto sobre alguno de varios temas. Estaba tratando de decidir si escribir sobre la naturaleza expansiva del socialismo, tratando de dar una explicación de su propagación en Latinoamérica -algo que no deja de sorprender a muchos. Otro tema que quería discutir era el del absurdo reclamo de algunas personas de tener derechos fundamentales al uso de cigarrillos electrónicos (vapes), tratando de reflexionar sobre el fenómeno de una especie de hiper-inflación de derechos y las causas remotas de esto. Otro posible tema habría sido cómo ciertas formas de corrupción pueden ser eficientes, tomando como punto de partida la ensalada Cesar y cómo su receta se manifiesta corrupta en varios países.

El terremoto político

Pero el pasado domingo, después de un paseo con amigos, llegué a mi casa a leer la noticia de que Javier Milei ganó las elecciones primarias (PASO) en Argentina. Si bien trataré los temas que mencioné anteriormente en el futuro próximo, aquel hecho me obliga -como seguramente lo hace con muchos otros- a escribir sobre él. Para un libertario en América Latina, ¿qué otro tema puede ser tan interesante como este? No tengo respuesta ante esto.

Para nadie, libertarios o no, es un suceso sin trascendencia. Lejos de serlo. El anarcocapitalismo es aquella facción dentro de la ideología política del libertarismo que, a partir de la convicción de ser el estado injustificable desde cualquier punto de vista, considera que la única fuente justificable de orden y prosperidad económica es el proceso de mercado, cuya condición ética habitante es la propiedad privada, particularmente sobre los factores de producción.

Pues bien, la razón por la cual no puede ser un hecho sin trascendencia para absolutamente nadie es que Javier Milei se ha hecho conocer consistentemente como anarcocapitalista, y que así, en un país de dónde no ha salido enunciada la palabra libertarismo de parte de ningún gobernante, ha ganado unas elecciones, con una ventaja nada despreciable respecto de las dos opciones restantes -una de ellas, justamente representando la continuidad de socialismo rancio.

Javier Milei

Un par de meses y la concurrencia de otras circunstancias separan a Javier Milei de convertirse en el presidente de Argentina, no deja de ser excitante -por decirlo de alguna manera, que exista una relativamente alta probabilidad de que un país de América Latina pudiera tener un presidente que haya distraído a los electores en su favor, enunciando ideas que se derivan de la libertad en su sentido original.

En uno u otro tono, en varios grados de calma -y en ocasiones, sin ninguna- Milei ha llamado positivamente la atención de los votantes hablando de: propiedad privada, primacía de la economía de mercado. Respeto por el plan individual de vida de cada quien sin interrupciones estatales. Y libre competencia -entendida como a ausencia de bloqueos institucionales para producir en favor de los demás. De esta forma, Milei promete ser un presidente que va a favorecer el campo de acción de la economía de mercado, de tal forma que sea a través de este proceso que los individuos avancen en sus respectivos proyectos de vida en búsqueda de bienestar individual.

A la par, promete, como presidente, restar campo de acción al estado eliminando el número de sus agencias, como varios ministerios, reduciendo la capacidad operativa estatal para intervenir por medio del uso de la fuerza en los planes que diseñen los individuos a lo largo de sus vidas -lo que viene, hay que decirlo, como una bocanada de aire fresco. ¡Me importa un pimiento el carné de cualquier libertario! Tómense un minuto de darse de trompadas por al menos un momento para ver quién es el más libertario de los libertarios. Les digo que no está de más darse licencia y experimentar algo de emoción.

Libertarismo

Dejando la emoción a un lado, para darle paso a una reflexión con algo más de cabeza fría, algo no cuadra del todo. Milei es abiertamente libertario. El libertarismo es la ideología política que se articula de un axioma muy sencillo de entender y de justificar: ningún individuo, ni ningún grupo de individuos, puede agredir la persona o la propiedad de nadie. Al axioma solemos conocerlo como el axioma de no agresión, o NAP, por sus siglas en inglés, en donde agresión se traduce en el uso o la amenaza del uso de violencia física en contra de la persona o propiedad de los individuos.

Propiedad significa el derecho que tienen los individuos de controlar exclusivamente los cursos de acción a los que asignan sus medios -esto es, su cuerpo y sus bienes. Si una persona gana 100 pesos y el estado cobra en impuestos 5 o 75 para pagar a los jueces o para alimentar a los pobres, eso es una violación de NAP. Si dos hombres o dos mujeres quieren celebrar un contrato de matrimonio y el estado prohíbe o condiciona ese intercambio, eso también es una violación del NAP, luego reprochable desde un punto de vista libertario. Una explicación más extensa de este derecho se puede encontrar acá.

Presidente libertario, una contradicción

Siendo esto el libertarismo -reduciéndose a tan sencilla noción, ¿no es acaso la aspiración y el triunfo de Javier Milei una contradicción frente a esa noción? Es decir, siendo Milei libertario, estaría él en contra de dirigir cualquier manifestación de violencia física a la alteración de los cursos de acción a los que libremente los individuos han asignado sus medios. Y siendo el estado la agencia dentro de la sociedad que monopoliza la violencia física, cuyos ingresos son solo posibles por medio de una violación sistemática del NAP, ¿no es acaso una contradicción ser libertario y querer llegar a la posición de ser la cabeza de aquella organización, cuya existencia es injustificable a partir del reconocimiento de la propiedad privada?

Pues, por el perro, ¡claro que lo es! Se trata de entregarle un agente más a aquella organización criminal, que desde el libertarismo se quiere eliminar. Porque no puede haber dudas acerca de que llevar a sus últimas consecuencias lógicas, el NAP resulta en la eliminación del estado, sea el colombiano, el español o el argentino. Existe en el libertarismo un relato que se suele utilizar para brindarnos una imagen de esto. De existir un botón con el cual se lograría la desaparición del estado, se nos ampollaría el dedo al oprimirlo, sin descanso y con mucho ahínco. Así que, de nuevo, sí, es una contradicción ser libertario y querer formar parte del estado.

Presidente libertario, una estrategia

Lo que acabamos de describir es el fin último del libertarismo, su objetivo más caro. Y es tomándolo en cuenta que la candidatura y éxito electoral de Javier Milei resulta ser una grotesca contradicción. Y a pesar de esto, aquel botón no existe y, me atrevo a decir, que el estado será eliminado, no de un golpe certero, sino a través de un proceso tan largo y complejo como aquel por medio del cual surgió y terminó, siendo lo que conocemos como el proyecto estatal absolutista contemporáneo. Así como el estado surgió como una evolución de un grupo desorganizado de rufianes a una mafia criminal con un alto grado de organización por medio de reglas, el declive del estado podría darse como la devolución de ese proceso. Así, tomará no solo tiempo, sino estrategia.

Y es en términos de estrategia donde no me parece que haya contradicción alguna respecto del triunfo de Milei en Argentina. Es más, los que nos alegramos, por ello, en el fondo lo hacemos en función de la esperanza que representa. En términos estratégicos, y en el papel, las promesas de Javier Milei de destruir el estado desde adentro son atractivas y excitantes. Porque, si bien de manera tímida, representan un paso en el largo y paciente camino de acabar con el estado.

Eliminar instituciones

Y a pesar de lo emocionados que estemos, algo de cautela no está de más. Como estrategia, disminuir el estado corre el riesgo de ser una estrategia fallida. Por ejemplo, en primer lugar, la alianza con otras organizaciones criminales, de las que ya se es parte como presidente, como otros estados, puede generar cierta influencia impropia para que las reformas liberales avancen. Estas reformas liberales, libertarias, no pueden ser otras diferentes a eliminar instituciones que den pie a la intervención del estado.

Una clara reforma liberar sería, sí, disminuir impuestos, como aquellos a las ventas o a las ganancias empresariales. Pero sería una gran reforma liberal eliminar estos impuestos. No puedo, sino temer -y ojo que es temor, más no convicción- que este tipo de iniciativas, que serían las verdaderamente libertarias y las que se esperarían de Milei, se vean retrasadas y hasta entorpecidas con las alianzas que habría anunciado, como con EE.UU. e Israel.

Las que nos parecen medidas que prometen una muy baja probabilidad de éxito en la consecución del fin de reducir el estado son aquellas, dentro de las propuestas conocidas de Javier Milei, que mantienen ciertas intervenciones. En efecto, según reportes periodísticos, para Milei el gasto público no es que vaya a ser eliminado, sino que “tiene que reducirse.” Nuestra principal preocupación con esto, con que se mantenga cierto grado de gasto público, es que esto llevará a ineficiencias en la asignación de recursos. Y esto, a su vez, podría llevar a la necesidad de incrementar ciertas intervenciones estatales. Ello corre el riesgo de mantener el tamaño del estado y hasta aumentarlo, siquiera marginalmente.

Sólo ocho ministerios

Por ejemplo, Milei ha anunciado en el pasado que mantendría ocho ministerios, siento infraestructura uno de ellos. Nuestro temor -y este sí es por convicción- es que gasto público en infraestructura es, después de todo, gasto estatal. El estado no cuenta con herramienta mental de economía de mercado como el cálculo económico. El motivo es que no participa del sistema de precios de la misma manera en la que un empresario lo hace. Así que cualquier asignación de recursos que haga, en algún grado, así sea en carreteras y puentes, será un desperdicio. Tal desperdicio de recursos, en tiempo, creará un déficit fiscal que, probablemente, se tenga que tapar con impuestos adicionales a los que ya estarían en vigencia.

La verdad es que poco sabemos de estrategia -sobre todo nosotros, que llevamos una vida dentro de la segura burbuja académica. Nos parece que respecto del fin último del libertarismo no debería quedar duda alguna cuál es este. La fortuna nos dirá qué estrategia será la más eficiente. Que reducir el campo de acción del estado desde adentro sea o no una estrategia efectiva, de tal forma que avance la libertad y con ello la prosperidad material y el recobro de la fibra moral de la sociedad, es una cuestión empírica.

Otra estrategia -de largo plazo y aliento y sin violar el NAP

Tal efectividad será juzgada por sus resultados y el tiempo dirá todo. Javier Milei, a todas luces, se ha ocupado más de estas cuestiones estratégicas, y a su futuro equipo de trabajo. En ese sentido, solo resta desearle toda la suerte en el eventual caso de que gane las elecciones presidenciales de Argentina. ¡Javier, estoy a una llamada para cuando quieras discutir aspectos fundamentales de teoría de eficiencia dinámica o el error intelectual que es el socialismo!

Consideramos que existe una estrategia que promete una mayor probabilidad de éxito, en el largo plazo. Tiene estas varias consideraciones. Una de ellas es que requiere de mucha visión. Por medio de ella, se promete eliminar el estado en el largo plazo. Es una estrategia, muy diferente a la de relativo corto plazo, que es a lucha electoral. Requiere también de bastante paciencia y esto nos lleva a considerar otra cosa: requiere también perseverancia y valentía. Los embates y las desavenencias que encuentra en el tiempo son muchas. Y no dejarse derrotar por ellas es muy importante, para lo cual se necesita muchísima fibra moral.

Por último, requiere de agudeza intelectual. Pues la idea de la libertad y sus últimas consecuencias demandan cierto rigor mental para identificar todas sus implicaciones lógicas. Esta estrategia es la de hablarle directa y diariamente a la opinión pública. Pues sin el apoyo, así sea pasivo y resignado de ella, no puede haber estado. Esta estrategia es, además, consecuente con el NAP, pues dialogar no viola este axioma.

El poder y la aquiescencia de la mayoría

El estado es un grupo minoritario de individuos que tiene en sus manos el monopolio de la violencia física. Loo utiliza como un revolver para extraer involuntariamente riqueza de la parte de la sociedad que previamente la ha creado. Y, ayudado por su monopolio del derecho, decide en última instancia la cuestión de lo justo. Esa minoría, al final, solo puede mantenerse por medio del apoyo de la mayoría.

El estado está soportado, entonces, porque la opinión pública lo soporta. La mayoría, a la altura de nuestros tiempos, tienen profundamente arraigada la creencia, de que la única forma de generarse orden es a partir de la existencia de un estado. Esa mayoría cree que siempre ha sido así y que no hay otra forma de que sean las cosas. Esa mayoría, que representa la opinión pública, ha nacido y morirá en un tiempo donde se insiste en la noción, sin descanso, de que el estado es, por un lado, la única forma de coordinar las acciones de la sociedad para generar bienestar; y, por otro lado, que sin estado la sociedad sería presa del caos que acabaría con ella misma en cuestión de días.

Bienvenidas las estrategias de libertad

Así, posiblemente una estrategia más efectiva, con resultados que resulten un tanto más blindado a los vaivenes electorales, que se dirija al profundo desarraigo de la creencia sobre el estado y su utilidad es una estrategia que merece toda nuestra atención como libertarios -una sin la cual, nos atrevemos a decir, el triunfo de Javier Milei en Argentina no habría sido posible en primer lugar.

¡Qué aquellos confundidos sigan llamando fascista a todo aquello que no entienden! Mientras tanto, bienvenidas todas las estrategias para avanzar la libertad. El paso del tiempo cumplirá con su función de depuración y nos encontraremos al final del camino sin estado y libres.

Ver también

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

3 Comentarios

  1. Respetado abogado-economista, estoy de acuerdo en casi todos los puntos de esta exposición, especialmente con él entusiasmo que sentimos los que creemos en la verdadera libertad del ser humano, al ver qué un hombre de moral justa se ha atrevido a desafiar a uno se los sistemas más corruptos del planeta. Sin embargo, cómo bien lo señala desde la academia es fácil plantear panoramas utópicos, desde los cuales se podría proponer alguna aparente contradicción. Pero más allá de eso, respetuosamente le digo que se permita sentir la más inmensa alegría si el señor Milei llega a la presidencia, puesto que todo lo que ese honorable hombre propone es un camino pragmático a la libertad, que no se logra sino con el transcurrió de muchos años (siglos). Muy comedidamente lo invito al igual que yo lo intentare hacer (sin buscarle pelos al huevo), a propagar sin temor la buena nueva de lo que puede ser él inicio de la libertad mundial. Saludos de un viejo estudiante y Gracias por que su cátedra me hizo una mejor persona.

    • ¡Por el perro! ¿Cómo no emocionarse? Por supuesto que lo estoy, impunemente.

  2. ¿Qué opinan sobre la eliminación del Estado y la Seguridad Nacional? Porque no se puede liberar a las «ovejas» cuando estamos rodeados de :lobos:. O sea que entidad pública puede protegernos de gente maliciosa. Tanto extranjeros como nacionales.


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