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La concepción del Estado y la democracia en la teoría marxista

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Hace escasamente un mes se originó en Twitter, a raíz de unas declaraciones de la Ministra de Trabajo sobre comunismo y democracia, un interesante debate acerca de la concepción del Estado y la democracia liberal en la teoría marxista. Leyendo a ciertos marxólogos como Callinicos (2011), se me ocurrió profundizar en el asunto y tratar de expandir mi argumento sobre por qué el marxismo clásico y la democracia liberal son antagónicos y se repelen entre sí por sus propias bases teóricas. No es poca la influencia de las ideas marxistas en el campo de la teoría democrática, siendo más relevante incluso la fuente de la que emana dicha teoría en la escuela marxista: la concepción del Estado por parte del filósofo prusiano.

La concepción de Estado y democracia en la teoría marxista van inextricablemente unidos al funcionamiento del sistema capitalista y las teorías de Marx en torno a este. La idea principal de Marx en este sentido es que la existencia de un gobierno democrático es imposible en una sociedad capitalista. Según Marx, la concepción liberal del Estado (Locke, Mill…) es una mera ilusión, debido a que la libertad formal y la igualdad ante la Ley y en materia de derechos individuales se verían afectados por efectos parciales de las medidas de ese mismo Estado, que nunca serían neutrales, debido a la imposibilidad de la “neutralidad estatal”, tan perseguida en ocasiones por muchos liberales. Acorde a la teoría marxista, el Estado defendería los intereses de la clase capitalista, ya que esta sería a su vez la base material de la propia estructura estatal.

Es por ello por lo que Marx ve las capacidades transformadoras de movimientos como el del sufragio universal como extremadamente constreñidas por la desigualdad existente entre las diferentes clases sociales y las consecuencias propias de dicha estructura de clases en lo referente al acceso al poder político y socioeconómico, encontrándose íntegramente ligados, según Marx. Marx, por tanto, se opone frontalmente a la democracia representativa y pone constantemente en tela de juicio su funcionamiento y estructuras. Para Marx, las elecciones y el voto son un medio incapaz de controlar los poderes del Estado o variar mínimamente su funcionamiento. Marx ve al Estado meramente como un ente coordinador de una sociedad de clases en pro de la clase dirigente, siendo esta la poseedora del poder económico.

Una de las obras de las que creo que más se puede extraer acerca de la concepción marxista del Estado es El 18 Brumario de Luis Bonaparte (1852). Dicha obra analiza la llegada y asentamiento en el poder de Luis Bonaparte entre 1848 y 1852, describiendo los medios a través de los cuales el mandatario francés logró acumular poder y centralizarlo en el ejecutivo, erosionando la capacidad de influencia de la sociedad civil sin poder económico sobre el destino de la nación y el funcionamiento del Estado. En este libro, Marx elimina cualquier halo de bondad o benevolencia de la figura del Estado y lo representa como un agente político que ejerce coerción sobre la sociedad civil de manera constante y cuyas acciones no dependen de los designios ni deseos de esta. Para Marx no es la sociedad civil la que modela al Estado, sino que son el Estado y sus múltiples instituciones asociadas las que constriñen los poderes de la sociedad civil (tanto en el plano económico como político) y la modelan al antojo de los planes de este gran ente, situándolo como uno de los principales agentes de la superestructura.

Marx ve al Estado como una fuerza coercitiva y coaccionadora de la sociedad civil por la influencia que sobre él ejerce la clase económicamente dominante. El Estado previene cualquier movimiento social contrario a los poderes establecidos, reprimiendo cualquier fuerza que trate de alterar el orden políticamente predominante, como sería el caso de la revolución proletaria. El Estado, por lo tanto, funcionaría como un mecanismo de defensa y protección de los poderes fácticos y no un mecanismo de coordinación de los intereses y designios de la sociedad. La tesis principal de Marx en lo que respecta su concepción del Estado se basa en que, en un orden económico de carácter capitalista, el Estado jamás podrá llegar a ser independiente de la clase económicamente dominante, es decir, de aquella que controla los medios y procesos de producción, ya que el poder y continuidad del Estado dependerían en gran parte de las bases materiales de la sociedad, como ocurrió en el caso de Luis Bonaparte y su protección de los intereses económicos y el poder material de la clase capitalista durante la Segunda República en Francia.

Para Marx la distribución del poder económico va estrechamente ligada a la distribución del poder político (un asunto que recientemente ha tratado Thomas Piketty desde una renovada perspectiva). Tal y como Marx pone de relieve en el Manifiesto Comunista (1848), el Estado ejercería de mero comité coordinador de los intereses de la burguesía, sirviendo para resolver conflictos de interés entre distintas facciones del poder económico y coordinar las diferentes fuerzas que conforman a este. El limite de acción del Estado, de acuerdo con la teoría marxista, sería aquel en el cual la actuación del ente estatal tuviera efectos perniciosos para la acumulación de capital en la economía, ya que estaría erosionando las bases materiales del propio Estado, siendo las relaciones de producción la principal brújula de la acción estatal. Por ello, Marx cree que los mecanismos constitucionales de control y limitación del poder del Estado, propios de las democracias liberales, no son más que un sistema de legitimación y defensa de los intereses de la clase capitalista. Por lo tanto, el marxismo clásico argumenta que la libertad propia de las democracias de corte liberal no es más que un elemento puramente formal, ya que la igualdad material sería un eje fundamental para la verdadera construcción de la libertad de la sociedad civil y, hasta que dicha libertad real no sea alcanzada, no se podría construir una verdadera democracia. Siguiendo esta línea argumental, las tesis marxistas defienden la necesidad del derrocamiento del sistema capitalista y sus estructuras previamente a la instauración de la democracia real, únicamente realizable en el sistema comunista.

Llegados a este punto debemos tratar de entender cual es el concepto de democracia en el marxismo y que implicaciones políticas tiene. La realización de la democracia, en la teoría marxista va inextricablemente ligada a la llegada al estadio del comunismo, basando la idea de libertad en una planificación económica centralizada, la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción y su colectivización, y la obligación de trabajar, llegando así a una igualdad material relativa (“De cada cual, según sus capacidades; a cada cual, según sus necesidades”), que llevaría a la realización plena de la libertad. Es decir, frente a la democracia liberal y representativa, Marx propone un modelo de democracia obrera y participativa (entendido esto último como algo muy cercano a ciertos modelos de democracia directa). Un caso en el que dicho modelo fue aplicado prácticamente en su plenitud fue la Comuna de París, en la que todos los políticos y funcionarios públicos permanecían en un estatus de permanente revocabilidad. Marx reniega completamente del modelo de democracia representativa y teoriza un modelo en el que la participación de la ciudadanía en la política no es únicamente un derecho, sino una condición sine qua non para el correcto funcionamiento de la democracia participativa.

Finalmente, a lo largo de los últimos 170 años, no todos los marxistas permanecieron en estas posiciones, y muchos teóricos de la segunda y tercera Internacional, como es el caso de Eduard Bernstein, teorizaron un revisionismo marxista que aceptaba las instituciones y funcionamiento propios de la democracia representativa, defendiendo la idea de que dichos elementos podrían proveer de poder de emancipación a la clase obrera a través de la representación política y la canalización de los intereses del proletariado mediante los partidos. Pero ese, es tema para otro artículo.

Referencias:

Callinicos, A. (2011). The revolutionary ideas of Karl Marx. Haymarket Books

Engels, F., & Marx, K. (1848). Manifiesto comunista. Alianza Editorial.

Marx, K. (1852). El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte. Alianza Editorial.

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