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La destrucción de las telecos europeas comienza en España

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El mercado español de telecomunicaciones lleva unos meses bastante revuelto. Las telecos han dado titulares a la prensa un día sí y otro también. Una revisión rápida de los mismos comenzaría con la fusión Orange – MásMóvil, que lleva algún tiempo en los despachos de la Comisión Europea esperando a que ésta dé su beneplácito y, más importante aún, las condiciones en que lo da.

Cambios en Telefónica y Vodafone

Por su parte, Telefónica se vio sacudida en septiembre por la irrupción de un inversor procedente de Arabia Saudi, el operador STC, que había adquirido una participación del 4,9% en el accionariado del operador, y otro 5% mediante derivados a la espera de la autorización del gobierno español. La primera de las participaciones, per se, le colocaba ya como primer accionista de Telefónica.

El gobierno español aún no se ha manifestado formalmente. En cambio, sí ha anunciado que trataría de montar un plan liderado por la SEPI para hacerse con un 5% de Telefónica, lo que supondría el inicio de la nacionalización de una empresa que siempre fue de titularidad privada, y eso en pleno siglo XXI y con la Comisión Europea vigilando que no se distorsione la competencia en los mercados.

Por su parte, el BBVA, uno de los principales accionistas de Telefónica, ha afirmado que, no solo no quiere ampliar su participación en el operador, sino que dicha inversión ha dejado de ser estratégica y que la participación que ostenta está en venta. A ello se unen recientes informes de algunos bancos de inversión revisando a la baja su valoración de Telefónica.

Otra de las grandes telecos en España, Vodafone, acaba de ser vendido por su matriz al fondo de inversión Zegona, buen conocedor del mercado español. El precio acordado ha sido de 5.000 Millones de Euros, que todos los medios comparan con los 7.500 que pagó en 2015 Vodafone por Ono, y con los 25.000 que en su momento le costó a Vodafone comprar Airtel. Las cifras son muy contundentes y reveladoras de la destrucción de valor que han sufrido los accionistas del grupo inglés.

Un mercado muy competitivo

¿Es casualidad que todo esto esté ocurriendo precisamente en las telecos presentes en España? En absoluto. En realidad, lo que pasa es que el mercado español es el líder en competitividad de la Unión Europea, lo que suena muy bien, pero es terrible para un mercado cuando dicha competencia se basa en privilegios regulatorios en lugar de en la satisfacción de las necesidades de los usuarios.

Las razones de dicho liderazgo son complejas, como todo fenómeno histórico. Pero se pueden radicar en los años en que la Comisión del Mercado de Telecomunicaciones (CMT) estuvo paralizada ante la refundación del regulador llevada a cabo por el Gobierno en los años 2012-2015. Dicha parálisis dejó un hueco de libertad por el que se coló Telefónica: empezó a ofrecer productos con anchos de banda superiores a 30 Mbps, para los que, al no haber regulación, no tenía obligación de facilitar a sus competidores que los replicaran usando la propia red de Telefónica.

Ese “hueco” estimuló las inversiones de Telefónica en fibra óptica, y tuvo un efecto arrastre en sus principales competidores del moment. Las telecos se vieron obligados a acometer despliegues similares si querían mantener su posición competitiva. El fenómeno ha llevado a España a una situación única en el mundo, tanto por penetración de la tecnología (en pocos países del mundo llega la fibra a tantos hogares como en España) como en competencia (en ningún país del mundo se superponen tres redes NGN de distintos operadores en competencia)[1].

Diseño burocrático de la competencia

Sin embargo, nada de esto evitó que el regulador volviera a la carga contra las telecos, una vez despejadas las dudas institucionales. De nuevo, agentes que no habían hecho inversiones en la red necesaria para prestar servicios, pudieron beneficiarse de privilegios para entrar al mercado y competir con los que sí lo habían hecho, usando las redes de estos. Pero, insisto, dando lugar a una competencia artificial basada en ventajas regulatorias y no en una mejor satisfacción de los clientes (ya que se limita a replicar los productos que ofrece el operador inversor a un precio más bajo, solo rentable por las obligaciones regulatorias), o sea, una competencia insostenible y destructiva.

Esta competencia insostenible entre telecos termina necesariamente con la salida de operadores del mercado, típicamente mediante su adquisición por parte de alguno de los que se queda[2]. Es precisamente en este punto en el que se encuentran MásMóvil y Orange. Pero, claro, de acuerdo a la normativa europea, estas operaciones tienen que ser autorizadas por la Comisión Europea, la inefable DG Competencia, para asegurar que no perjudican a los clientes europeos. Pues bien, la citada DGCOMP decidió hace tiempo que tiene que haber cuatro operadores en un mercado como el español, sin que no se sepa muy bien cual es la base científica de tal umbral.

¿Cómo asegura la CE que tal número se va a mantener? Lo que hace es decirles a los operadores que se quieren juntar que solo les dejará si dan condiciones privilegiadas de acceso a su red a un nuevo entrante o agente ya existente menor. Y vuelta la burra al carro: se introduce un competidor artificial en el mercado, y se mantienen los problemas de sostenibilidad, creando otro ciclo de destrucción de valor, y así hasta el vacío.

Intervención e inseguridad

En muchos países europeos se va haciendo acuciante esta necesidad de consolidarse por algunos de sus operadores, pero todos tienen muchas dudas sobre si la Comisión Europea autorizaría las operaciones y, sobre todo, en qué condiciones. Como montar fusiones entre empresas grandes para que luego las torpedeen no es precisamente barato, nadie quería tirar esa primera piedra. Nadie quiere probar las aguas para ver si la DGCOMP había cambiado su posición a la vista del desastre en el valor del sector. Que al final fueran MásMóvil y Orange las que se tiraran a la piscina se explica, precisamente, por el mayor grado competitivo en el mercado español, que debía hacerles imposible mayor espera.

Y pasaron los meses con todo el sector en vilo: ¿autorizaría la CE la concentración sin condiciones, o volvería a imponer la creación de un competidor artificial? Lo primero quizá posibilitaría la reconstrucción del valor del sector y la vuelta de los inversores al mismo; pero, lo segundo, quizá supusiera un mazazo al sector ya sin posibilidad de marcha atrás. Aún no sabemos qué hará la DGCOMP, pero los rumores y las noticias desde hace unas semanas no invitan para nada al optimismo, salvo para el operador rumano DIGI que podría resultar el ganador en la tómbola de los privilegios regulatorios.

La situación de Telefónica

Así las cosas, Vodafone, quien sufre la regulación europea en más países que España, ha debido de dar la cosa por muerta, y ha liquidado su inversión en España a precio de saldo. Si va a entrar otro operador artificial en un entorno tan competitivo como el español, podrían perder aún más dinero. El entrante Zegona lo hace en condiciones mucho mejores de la que lo hizo Vodafone en su momento, ya que las pérdidas se las han comido los accionistas de Vodafone, y el nuevo Vodafone España podrá bajar sus precios y ser rentable. No es lo mismo recuperar una inversión de 30.000 Millones de Euros que de 5.000.

Respecto a Telefónica, la cosa es mucho más complicada. Dejando de lado posibles motivaciones políticas, la entrada de STC en septiembre podría interpretarse en clave especulativa: comprar a un precio relativamente bajo un operador que se podía revalorizar considerablemente si la DGCOMP autorizaba MásMóvil-Orange sin crear otro competidor. Con la información que se maneja ahora, ya no estaría tan claro que la decisión hubiera sido acertada en esta clave, lo que es coherente con la decisión descrita más arriba del BBVA y los análisis a la baja de los bancos de inversión.

En todo caso, lo que es indiscutible es que Telefónica, que llegó a valer 100.000 millones de Euros, a los 20.000 millones que cotiza en la actualidad podría ser un bocado apetecible. Y ahí tenemos otra manifestación de la brutal destrucción de valor del sector, destrucción que es aún más llamativa si tenemos en cuenta que se ha producido mientras todo el mundo se compraba teléfonos móviles y se conectaba a Internet.

Comprender el mercado desde la teoría económica

No olvidemos el valor que cobraron las telecomunicaciones en todo el mundo cuando los gobiernos decidieron confinarnos en nuestras casas en respuesta al COVID. Pues con toda esa evidente creación de valor para la gente, con poco parangón en la historia, resulta que las telecos están tiradas de precio.

Y, ya que hemos hablado de gobiernos, un apunte económico sobre los planes del español para la nacionalización parcial vía la SEPI. A cualquier conocedor de la teoría de control de precios de Ludwig von Mises le resultará poco sorprendente el movimiento, toda vez que dicha teoría nos explica que cualquier regulación efectiva de precios (y en el mercado de telecos hay unas cuantas) termina necesariamente en planificación central, si el Gobierno quiere que funcione[3]. La podríamos resumir de la siguiente manera: la única forma que tiene un Gobierno de que el mercado haga lo que él quiera es asumiendo la producción en el mismo. Claro, que entonces el mercado hará lo que quiere el Gobierno y no los individuos, y su sostenibilidad dependerá de impuestos y voluntades políticas. Nada que no sepamos ya sobre el maravilloso funcionamiento de los servicios públicos.

Como se observa, nada de lo sucedido era tan inesperado como pueda parecer a los desconocedores de la teoría económica, aunque sea imprevisible la forma en qué ocurriría. La política europea de telecomunicaciones consiste en repartir la tarta entre los consumidores sin preocuparse mucho de quién la hace. Y parece que la tarta se está acabando ya en España, y posiblemente tampoco quedé mucho más en otros países europeos. Cuando nos quedemos sin tarta, ¿seguirá presumiendo la Comisión Europea de que vela por los intereses de nuestros conciudadanos?


Notas

[1] El lector interesado en esta evolución de las telecos en España. podrá ahondar más en esta tesis aquí: https://www.aei.org/technology-and-innovation/telecommunications/miracle-ftth-deployment-spain/

[2] Esto lo explico con más detalle aquí: The Indivisibility of Telecommunications Networks: A Possible Explanation for Past and Present Trends in Telco Mergers. Competition Policy Internationa, Noviembre 2022.

[3] Ver: Herrera-González, F. & Castejon, L. (2009). The endless need for regulation in telecommunication: An explanation. Telecommunications Policy. 33. 664-675.

Ver también

Las telecomunicaciones frente al coronavirus. (Fernando Herrera).

La ‘totalización’ de internet en Europa. (Fernando Herrera).

1 Comentario

  1. Estimado Sr. Herrera; la parte de ARABIA SAUDI sera especulativa si y solo si no puede acceder a la tecnologia para usos militares; no seamos ingenuos; somos una nacion paria en Occidente y payete es un mero espectador que ni pincha, ni corta, salvo sus elevados emolumentos.
    Abstengase los actuales ANCAP (yo fui uno de ellos) de opinar, porque la cosa no esta para «»Non sequiturs»».
    Un cordial saludo


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Wilhelm Röpke es un economista con una gran erudición y diálogo interdisciplinario, como historia, derecho y sociología. Sus investigaciones son una referencia y modelo para la ciencia económica, una ciencia muy empobrecida en las últimas décadas por paradigmas mecanicistas y matematizantes, tan atacadas por Röpke ya en su época.