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La economía a través del tiempo VII: la riqueza para los asirios

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Hemos hablado ya del periodo de Ur III (entre los años 2065 a.C y 1995 a.C.) y su mito fundacional. Dentro de esa etapa se encuentra una obra conocida como La maldición de Agadé o de Acad. Este escrito puede ser incluso anterior. El poema narra la historia del rey arcadio Naram-Sin (2261-2225 a.C) y de la ciudad de Agadé.

Lo importante para nuestro análisis es lo que podemos extraer acerca de la concepción -o más bien la explicación- que los antiguos tenían sobre la riqueza. Sabemos que una buena situación económica es causada por fenómenos objetivos, pero también por cuestiones relacionadas con las actitudes y aptitudes de los habitantes de la sociedad. Sin embargo, nuestros antepasados daban una especial importancia a los elementos extramateriales. La riqueza era una situación tan extraordinaria que su origen no podía ser otro que un empecinamiento por parte de los dioses, una elección consciente de lo supremo que elige por motivos específicos a un pueblo para disfrutar del tesoro privilegiado.

La acción humana no es decisiva

Al contrario de lo que pasa con el cristianismo, la libertad y la acción humana no parece decisiva. Así, vemos a través de Mark (2014) la causa de la prosperidad.

Después de que el ceño de Enlil había matado a Kis como si fuera el Toro del Cielo, había matado a la casa de la tierra de Unug en el polvo, como si fuera un toro poderoso. Y entonces Enlil había dado a Sargón, rey de Agadé, el gobierno y la realeza desde el sur hasta las tierras altas. En ese momento, la santa Inana estableció el santuario de Agadé como su dominio de mujer célebre; y estableció su trono en Ulmac.

J. J. Mark, La maldición de Agadé: la batalla de Naram-Sin con los dioses

Una bendición de los dioses

Enlil, uno de los principales dioses sumerios, destruye la ciudad de Kis. La gracia de los seres sobrenaturales -entre los que se incluye a Inana- se posa sobre una nueva urbe: Agadé. Gracias a la presencia de los dioses y a su constante bendición surge la riqueza.

La santa Inana no durmió mientras se aseguraba de que los almacenes se aprovisionarían; de que se fundarían viviendas en la ciudad; de que sus gentes comerían espléndidas comidas; de que sus gentes beberían espléndidas bebidas (…). Luego llenó de oro los almacenes de trigo esmeralda de Agadé, llenó de plata sus almacenes de trigo esmeralda blanco; entregó cobre, estaño y bloques de lapislázuli a sus graneros y selló sus silos desde el exterior. Dotó a sus ancianas con el don de dar consejo, dotó a sus ancianos con el don de la elocuencia. Dotó a sus mujeres jóvenes con el don de entretener, dotó a sus hombres jóvenes con el poder marcial, dotó a sus pequeños con la alegría (…). Su puerto, donde atracaban los barcos, estaba lleno de alegría. Todas las tierras extranjeras descansaban con alegría, y sus gentes experimentaban la felicidad.

J. J. Mark, La maldición de Agadé: la batalla de Naram-Sin con los dioses

«Todas las ciudades la observaban»

La impiedad de Naram-Sin produce enfado en Enlil.

A causa de Enlil (¿?) toda Agadé se redujo (¿?) a temblar, y el terror se apoderó de Inana en Ulmac. Ella abandonó la ciudad, regresando a su hogar. La santa Inana abandonó el santuario de Agadé como quien abandona a las jóvenes de su dominio femenino.

J. J. Mark, La maldición de Agadé: la batalla de Naram-Sin con los dioses

Y tras el retiro de la bendición divina, la prosperidad se dirige, como si tuviera voluntad propia y fuera un ser material y consciente, hacia otras ciudades. Agadé muere poco a poco, la urbe se apaga y todo por la decisión del dios Enlil.

La vida del santuario de Agadé llegó a su fin, como si hubiera sido solo la vida de una carpa diminuta en las aguas profundas, y todas las ciudades la observaban. Como un poderoso elefante, dobló su cuello hacia el suelo mientras todos levantaban sus cuernos como poderosos toros. Como un dragón moribundo, arrastró su cabeza por la tierra y todos juntos le quitaron el honor como en una batalla.

J. J. Mark, La maldición de Agadé: la batalla de Naram-Sin con los dioses

El papel del libre albedrío

La importancia del libre albedrío en esta visión es casi nula. Las decisiones humanas están completamente sometidas a la elección de los dioses. Se hace mención en el texto a la presencia de barcos. De ellos y de otros elementos podemos deducir la existencia de comercio en Agadé. Comercio que, sumado a otras condiciones favorables, podría ser causa, y a su vez efecto, de la riqueza. Es Inana la que se encarga de supervisar a las gentes para asegurar su prosperidad: “Inana no durmió mientras se aseguraba de que los almacenes se aprovisionarían”. El trabajo humano desaparece como factor y, por tanto, el mérito.

Nuestra idea católica difiere de este punto de vista. La Iglesia ha defendido siempre el libre albedrío y, por tanto, la responsabilidad. Si bien es verdad que para el cristianismo la causa última es Dios y, en consecuencia, se hace su voluntad, también es verdad que la importancia que se da al Ser Humano sobre la historia y las condiciones socioeconómicas es mucho mayor.

Bibliografía

Mark, J. J. (2014, agosto 08). La maldición de Agadé: la batalla de Naram-Sin con los dioses [The Curse of Agade: Naram-Sin’s Battle with the Gods]. (G. Macedo, Traductor). World History Encyclopedia. Recuperado de https://www.worldhistory.org/trans/es/2-748/la-maldicion-de-agade-la-batalla-de-naram-sin-con/ Consultado el 2 de septiembre de 2023

Kramer, S. N. (1985) La historia empieza en Sumer. Orbis

Serie La economía a través del tiempo

(I) El estudio de la historia del pensamiento

(II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad

(III) El Estado y las formas de intervención

(IV) La primera disciplina fue la economía

(V) La educación y el trabajo para los sumerios

(VI) Los impuestos para los sumerios

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