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Más Adam Smith y menos Hans-Hermann Hoppe

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Hans-Hermann Hoppe, en respuesta a una pregunta que le hicieron durante el evento que organiza con su Property and Freedom Society, dijo:

Es muy importante en estas réplicas a gente como Krugman que no nos metamos en detalles técnicos, sino que hagamos algunas preguntas casi como un niño. Explícame cómo es posible que el aumento de papelitos haga más rica a una sociedad. Si ese fuera el caso, explícame ¿por qué sigue habiendo pobreza en el mundo? ¿No son todos los bancos centrales del mundo capaces de imprimir tanto papel como quieran? Y ¿crees entonces que la sociedad, el mundo en su conjunto, sería más rico? Estoy seguro de que el tío no puede responder este tipo de preguntas, nadie puede responder este tipo de preguntas.

Hans Hermann Hoppe

Hoppe aquí se equivoca al menospreciar a Krugman. Tras estas declaraciones, me temo que podría dejarle muy mal parado en un debate y dejarle en evidencia y a la escuela austríaca de economía detrás. Y, en parte, con razón, pues gran parte de la escuela austríaca de economía sigue una rama de la teoría cuantitativa del dinero debido al legado intelectual de Ludwig von Mises, quien bebía a su vez de las ideas de David Ricardo.

Austríacos cuantitativistas

El principal problema de la teoría cuantitativa del dinero, que podemos observar ha mantenido gran parte de los teóricos monetarios de la escuela austríaca, es que asume que la demanda monetaria es constante. Podemos ver este error en la comprensión del dinero claramente expresado por Murray Rothbard (2009, 766) cuando dice que:

Por lo tanto, una de las leyes económicas más importantes es: Toda oferta de dinero se utiliza siempre al máximo y, por lo tanto, no se puede obtener ninguna utilidad social aumentando la oferta de dinero. (Énfasis en el original)

Murray N. Rothbard

Hoppe se equivoca al pensar que ningún “aumento en la impresión de papelitos” puede hacer a una sociedad más rica. Tendría razón si pensamos que estamos en una situación de equilibrio. Si en una economía la oferta de liquidez iguala la demanda de liquidez, cualquier expansión de la oferta es cierto que no generará riqueza, sino que aumentará los precios proporcionalmente a las unidades monetarias creadas. Pero las economías no se encuentran en situación de equilibrio y, de estarlo, ese estado no sería estático—algo que, irónicamente, explica muy bien la economía austríaca. Por tanto, la creación de sustitutos monetarios nos puede ahorrar tres tipos de costes.

Papelitos que crean riqueza

En primer lugar, si solo tuviésemos unas cantidades contadas de oro, digamos cincuenta monedas de oro para una economía de cuarenta millones de personas, muchos de los intercambios que los individuos querrían llevar a cabo no podrían realizarse. Pues cincuenta monedas no se mueven de una forma lo suficientemente rápida de mano a mano para que esos cuarenta millones de personas puedan hacer todos los intercambios necesarios. Por tanto, poder crear papelitos en esta ocasión generaría riqueza. La gente podría pagar a crédito y llevar a cabo más intercambios que si no pudiese imprimir estos papelitos.

En segundo lugar, y adelantándome a la posible réplica de que también se podría crear riqueza minando más oro sin necesidad de imprimir papelitos, hay que remarcar que esta impresión requiere de menos recursos que la extracción de oro. En una economía con restricciones sobre el ejercicio bancario donde se obligase a la fuerza a los intermediarios financieros a operar con un coeficiente de caja del 100%, el coste anual de minar oro, según los cálculos de Milton Friedman (1960), serían del 2,5% del PIB. Si se estima que esa economía creciese al 3%, el 75% de su crecimiento sería dedicado a la extracción de oro.

Por otro lado, según los cálculos de Lawrence White (1999, 46-48), el coste de la producción de oro en una economía donde además se pudieran imprimir esos papelitos sería del 0,05% del PIB. Unas cuantas veces más barato. Por lo que, otra vez, esa creación de papelitos estaría volviendo a generar riqueza.

Flexibilidad en la creación de crédito

En tercer lugar, tenemos el hecho de que la creación y destrucción de estos papelitos es muy flexible y nos permite cambios en la oferta de liquidez ante movimientos de la demanda. Si la demanda de liquidez de los individuos de una economía aumenta (se reduce), que también aumente (se reduzca) la oferta monetaria es beneficioso, pues suavizará—o hasta evitará—las variaciones en el valor del dinero y así nos protegerá ante posibles inflaciones o deflaciones.

Una contracción de la demanda de liquidez sin su correspondiente disminución de la oferta provocaría inflación. Una expansión de la demanda de liquidez sin un correspondiente aumento de la oferta, deflación. Por esto mismo Antal Fekete dice (2017, 43) que un patrón oro que operase bajo un coeficiente de caja del 100% no era más que “una quimera”. Y es que para aumentar la oferta monetaria tenemos dos opciones: o solo oro u oro y papelitos. Como hemos visto, la primera es mucho más costosa que la segunda.

Incluso si se optase por una opción aún más drástica y se prohibiese además toda extracción de oro para no tener que destinar tanta parte del PIB en esta actividad y hasta si hubiese una cantidad aparentemente suficiente de monedas de oro que pudiesen circular en la economía (más de las cincuenta anteriormente mencionadas), se estaría dejando de crear riqueza si no se creasen papelitos para hacer frente a los aumentos en la demanda de liquidez. Esto se debe a que los cambios en el valor del dinero, tanto los aumentos como los descensos generalizados de precios, son costosos.

La inflación, pero también la deflación

Los austríacos esto lo tienen muy claro con lo que respecta a la inflación, pero parece ser que no tanto cuando se habla de deflación. Un sistema como el que Rothbard y Hoppe proponen es demasiado rígido y al no poder imprimir papelitos, se genera deflación. Si tenemos la ecuación cuantitativa en la cabeza (M*V=P*Q), un aumento en la demanda monetaria—la cual tiende a aumentar con el tiempo, debido a que con el aumento de sus ingresos reales la gente cada vez demanda más liquidez—sin aumentos en M, llevarán consigo disminuciones en P; es decir, deflación. Esta sería una deflación monetaria (por el lado monetario de la ecuación, M*V).

Un ejemplo de esto sería lo que Milton Friedman y Anna Schwartz (1963) llaman la Gran Contracción, los primeros años de la Gran Depresión. Para Friedman y Schwartz fue la mala gestión de la oferta monetaria por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos lo que exacerbó y prolongó la depresión. Según su análisis, la Reserva Federal no solo falló en prevenir la contracción de la oferta monetaria, sino que a través de sus políticas contribuyó activamente a ella.

La deflación real

No obstante, no sólo la deflación monetaria nos debería preocupar. También la deflación real; la causada por aumento de producción. La deflación real sigue siendo un problema pues aun así nos encontramos con diversos costes. Por un lado, los costes de carta. Estos son los costes asociados ya no solo a literalmente cambiar los precios en las cartas de los restaurantes, sino otros gastos como el tiempo dedicado a pensar cómo cambiar los precios, la información contable errónea o los costes de renegociación de contratos.

Por otro lado, la rigidez de los precios y en especial, del salario. Diversos estudios empíricos han demostrado que os individuos calculan en términos nominales (Hoffman 2019, 19-40). La deflación hace que los beneficios de las empresas disminuyan nominalmente, lo que aumenta el riesgo de quiebra si los salarios no disminuyen en consecuencia; los individuos, sin embargo, pueden mostrarse reticentes a negociar recortes salariales (pues calculan en términos nominales), lo que conduce a despidos que no reflejan la situación real de la economía. Y despedir a trabajadores productivos debido a la falta de flexibilidad de los precios genera ineficiencias. En este caso, también, con la creación de papelitos se crearía riqueza. ¿Entonces, tanto la deflación como la inflación tienen costes? Sí, por eso el ideal sería la estabilidad de precios.

Adam Smith

¿Se les pude culpar a Rothbard y a Hoppe de no saber que la creación de papelitos podía generar riqueza? Pues sí, porque esto es algo que ya sabía—y dejó escrito—Adam Smith.

Adam Smith, en su La riqueza de las naciones (1776), al hablar sobre el dinero en el y los sustitutos monetarios Libro II, capítulo 2, dice que:

Cuando el papel moneda reemplaza al oro y la plata, la cantidad de materiales, herramientas y subsistencias que puede suministrar todo el capital circulante puede aumentar por el valor total del oro y la plata que antes se empleaban en su compra. El valor de la gran rueda de la circulación y distribución se añade a los bienes que circulan y son distribuidos a través suyo. La operación se parece en alguna medida a la del empresario de una gran fábrica que, como consecuencia de alguna innovación mecánica, retira su vieja maquinaria y suma la diferencia entre su precio y el de la nueva a su capital circulante, al fondo del que provee a sus trabajadores con materiales y salarios.

Alas de Dédalo

Y que:

El dinero de oro y plata que circula en cualquier país puede muy bien compararse con una carretera, que aunque permite la circulación y el transporte hacia el mercado de todos los pastos y cereales del país, no produce nada de ninguno de ellos. La juiciosa acción de los bancos proporciona, si puedo emplear una metáfora tan violenta, una especie de carretera aérea, y permite que el país convierta una gran parte de sus carreteras en buenos campos de pastos y cereales, con lo que incrementa de forma muy considerable el producto anual de su tierra y su trabajo.

Debe advertirse, sin embargo, que aunque el comercio y la industria del país puedan ser algo mayores, jamás estarán tan seguros cuando viajan, por así decirlo, suspendidos por las alas de Dédalo del papel moneda, como cuando viajan apoyados en el sólido suelo del oro y la plata. Además de los accidentes a los que se hallan expuestos por la torpeza de quienes dirigen los billetes, corren otros muchos riesgos, de los que ni la prudencia ni la destreza de tales directores los pueden librar.

Construcción de carreteras

Es decir, leyendo a Adam Smith—que recomiendo hacer a través de mi artículo—podemos entender mejor cómo a veces la creación de sustitutos monetarios, esos papelitos que Hoppe decía, crean riqueza para la sociedad. Son como unas carreteras aéreas que sirven para transportar bienes. Es decir, estas carreteras son un bien de capital que produce servicios de liquidez y se sostienen sobre los papelitos creados. Al igual que las carreteras convencionales, las terrestres, construirlas puede generar riqueza. Puede conectar dos puntos, facilitando el transporte e iniciando nuevas rutas de intercambio. Con los papelitos igual.

También puede ser que estemos construyendo muchas carreteras. El mercado nos castiga con ello, salvo que operemos bajo restricciones presupuestarias laxas—como los bancos centrales—y estemos en pérdidas constantes refinanciados mediante una socialización de las pérdidas. No va a ser menos al construir demasiadas carreteras aéreas mediante papelitos, existen mecanismos en el mercado como el reflujo de Fullarton para evitar que esto pase.

Adam Smith disfrazado por Rothbard

Los bancos tampoco construirán demasiadas pocas de estas carreteras, porque entonces dejando de obtener los beneficios de ser el que ha creado los papelitos sobre el que las carreteras aéreas se sostienen. Con la disciplina del mercado, veríamos una tendencia hacía la creación de carreteras que más beneficio generase; y, con ello, mayor riqueza.

Estas carreteras no sólo crean riqueza al conectar dos puntos nuevos y permitir más intercambios, sino también al descongestionar las convencionales y estas podrán usarse para fines más deseados, igual que el oro que podrá emplearse como catalizador facilitando la acumulación de capital. Además, en caso de mayor tráfico, estas son más baratas de construir, por lo que no tenemos que dejarnos una gran parte del fruto de nuestra producción en construirlas. Gracias a estas carreteras, las economías pueden intercambiar más y fácilmente y así crecer más.

Igual si Rothbard no hubiera hecho una interpretación tan torticera de Adam Smith, más austríacos se atreverían a leerle y a aprender de él.

Referencias

Fekete, Antal E. 2017. Critique of Austrian Economics in the Spirit of Carl Menger. Aarschot, Belgium: Pintax cvba.

Friedman, Milton. 1960. A Program for Monetary Stability. Nueva York, Estados Unidos: Fordham University Press.

Friedman, Milton y Schwartz, Anna Jacobson. 1963. A Monetary History of the United States, 1867-1960. Princeton, Estados Unidos: Princeton University Press.

Hoffman, Michael. 2019. Monetary Kaleidics. Autopublicado.

Rothbard, Murray N. 2009. Man, Economy, and State with Power and Market. 2ª ed. Auburn, Estados Unidos: Ludwig von Mises Institute.

Smith, Adam. 1776. The Wealth of Nations. Londres, Reino Unido: W. Strahan and T. Cadell.

White, Lawrence. 1999. The Theory of Monetary Institutions. Malden, Estados Unidos: Blackwell Publishers.

Ver también

Teoría cuantitativa del dinero. (Jon Alekoa).

Rallo contra Mises. Una reconstrucción necesaria de la teoría monetaria. (Ignacio Moncada).

8 Comentarios

  1. Estimado articulista dice Vd. :
    «»Por lo tanto, una de las leyes económicas más importantes es: Toda oferta de dinero se utiliza siempre al máximo y, por lo tanto, no se puede obtener ninguna utilidad social aumentando la oferta de dinero. (Énfasis en el original)»

    Murray N. Rothbard

    «»»Si en una economía la oferta de liquidez iguala la demanda de liquidez, cualquier expansión de la oferta es cierto que no generará riqueza, sino que aumentará los precios proporcionalmente a las unidades monetarias creadas.»»

    Esta ultima cita es suficiente para refutar toda sus afirmaciones; deberia saber que los precios no crecen uniformemente; si lo hicieran el dinero seria neutral; si es un patron oro se crea «riqueza», aunque solo sea por los usos no monetarios del Oro; si es un patron «Billete de Banco» pues efectivamente no se crea riqueza; ahora bien, si hay inflacion Monetaria (ya sea monetizando deuda o inflando el credito no mercancia (oro o Billete de Banco) , pues se produce una redistribucion de la riqueza perniciosa porque unos ganan a costa de otros y si hay deflacion monetaria tambien, pero en este ultimo caso se produce un «justicia» redistributiva; y si el Stock de papelitos permanece constante, pues en una economia progesiva habra una caida de precios «Comme il Faut»; ademas, lo primero que tiene que hacer Vd. es una definición clara y precisa de la mercancia Dinero; cosa que no ha echo ; espero que sea mas precisa y menos oscura que la de Hayek y un tal Rallo.

    Como no tengo ganas ni tiempo de oir cosas raras y contradictorias, le adjunto : una cita de Salerno basandose en Rothbard» que es muy instructiva:

    «»La demanda cambiaria de cada bien, la cantidad de dinero que se gastará a cambio del bien, equivale al stock de dinero en la sociedad menos lo siguiente: las demandas de cambio para todos los demás bienes y la demanda de reserva o para retención de dinero. En resumen, la cantidad gastada en un bien X es igual al Stock u Oferta total de dinero menos la cantidad gastada en los otros bienes y la cantidad mantenida en saldos en efectivo. . . . . Ahora, cuando se consideran todos los bienes, la demanda por tenencia de bienes equivale al Stock Total de dinero menos la demanda de reserva de dinero. . . . La demanda de dinero para tenencia es igual al stock de todos los bienes menos la demanda por reserva o retención de bienes.
    Ahora la ecuación implícita en la cita anterior de Rothbard (1993, p. 713) puede escribirse de la siguiente manera:
    1. (P1 x Q1) + (P2 x Q2) + . . + (PN x QN) = MS – MDr

    Por lo que veo, esto ya dejo de ser Cafe «Viena» y efectivamente es Cafe Budapest ; bueno, que se la va a hacer.
    Un cordial saludo

  2. Acabo de revisar mi comentario y deje sin enviar los siguientes (sobre Salerno y Rothbard):
    «»»sigue : Dado que la demanda por tenencia de dinero es el reverso de la demanda de cambio para todos los bienes y por lo tanto igual a la recepción total de dinero para la venta de bienes:
    2. MDt = (P1 x Q1) + (P2 x Q2) + . . .+ (PN x QN)
    Sustituir la ecuación 2 en la ecuación 1 nos da
    3. MDt = MS – MDr
    Reorganizando términos, obtenemos que la oferta de dinero es igual a la demanda total de dinero, la condición familiar de equilibrio en el mercado para saldos de efectivo:
    4. MS = MDt + MDr = MD
    A los efectos de nuestro análisis, sustituimos la ecuación 2 y la condición de equilibrio se convierte en
    5. MS = (P1 x Q1) +(P2 x Q2) + . . .+ (PN x QN)+ MDr donde:
    MS = Oferta o Stock Total de Dinero
    MD = Demanda Total de Dinero
    MDt = Demanda de cambio de dinero o Demanda por Tenencia de Dinero
    MDr = Demanda de reserva o por retención de dinero
    P1 . . . N = Precio de compensación del mercado de los productos no monetarios 1 a N
    Q1 . . . N = Cantidad de compensación del mercado de los productos no monetarios 1 a N
    Perdon y un saludo

  3. Adam Smith parte de considerar el valor igual o equivalente al trabajo (al trabajo que produce un factor de producción, o al trabajo que cuesta producir un bien de consumo). O sea, parte de una visión objetivista del valor (que supone una estructura de capital fija y dada) que es previa a la revolución marginal-subjetivista (y evolutiva) iniciada por Carl Menger en 1871, desarrollada principalmente por sus continuadores, la Escuela Austriaca.

    Y por ejemplo, en los párrafos primero y segundo de ese «book II» en The Wealth of Nations (On the nature, accumulation and employment of stock) mencionado por E. Blasco, pasa sin solución de continuidad de una fase histórica con individuos aislados comiendo lo que pillan (sin ningún ahorro ni capital), a una sociedad con «división del trabajo», sin considerar cómo se pasa de una a otra, ni que un individuo o una granja aislada también puede (y por necesidad «tiene»… que) ahorrar una parte del grano que produce para sembrarlo la temporada siguiente, y decidir también entre distintos eventuales usos sobre cómo empleará el grano, el trabajo y otros recursos disponibles. O sea, que al igual que los continuadores de A. Smith (la contra-revolución marshalliana), Adam Smith carece de una teoría del capital (que necesariamente implica bienes de producción con diferentes usos y muchos de ellos de una elevada especificidad, que no pueden cambiarse de un proyecto a otro así como así –como asume la pobrísima concepción de capital de Smith y compañía que la hace igual al dinero–).

    La segunda cita de E. Blasco a A. Smith viene después de la referencia en ese libro al esquema de John Law, al establecimiento del Banco de Inglaterra en 1694 (mediante carta de privilegio del parlamento), y una cita que traducida diría «El éxito de esta operación, sin incrementar en el mínimo grado el capital del país, únicamente habría trasladado una gran parte de ese capital de personas prudentes y provechosas a proyectos imprudentes y carentes de provecho.»

    También es de señalar que la Escuela Austriaca se dividió en dos ramas en los años previos a 1914, cuando se tocó el tema del dinero, con Schumpeter aceptando acríticamente y asumiendo y dando por buena la expansión artificial (coactiva) del dinero-crédito como Deus ex-machina (y que acaba llevando al socialismo y a la guerra, valga la redundancia), frente a Mises que señala precisamente (paso a paso, siguiendo la tradición de Menger) los procesos de causa y efecto que ocasionan esos sustitutos monetarios ‘perfectos’, que causan los ciclos de auge y recesión (idem).

  4. De la visión de A. Smith del valor (valor = trabajo) se desprende que, en su esquema de cosas, tenga que entrar una supuesta propensión de las personas a intercambiar (sin ton ni son), que sería la que ‘movería’ todo (pues el valor para una u otra persona es el mismo).

    De la visión de Schumpeter (¿y de la de Budapest?; y de la de la contra-revolución marshalliana, y del keynesianismo, y del monetarismo), se desprende que tenga que ser una adición externa de dinero (o coactiva, sin respetar o integrar el principio de propiedad), la que mueva todo.

    Según la explicación austriaca, por el contrario, el valor es subjetivo, ordinal (un ranking) y apreciado en el margen de la acción humana (y sucesivamente, paso a paso, por cada persona: valoramos la nueva utilidad que ganamos –o perdemos– con ese bien más allá de las que ya tenemos proveídas del mismo tipo). Solo intercambiamos, empresarialmente, si uno y otro bien son valorados por cada parte en orden inverso (porque así cada parte considera ex-ante que mejora su utilidad). Consecuentemente existe un límite a las posibilidades de intercambio real en cada determinado contexto (límite en el que juega un papel clave la limitación física del bien que ha evolucionado a ser el medio de intercambio generalizado, actuando así, además, como «tope» regulador clave de todo el sistema en los procesos de mercado; y, derivado de ello, en el cálculo económico para que pueda ser realmente coordinador y ajustado a la realidad de las necesidades y deseos de las personas y de las disponibilidades de los bienes reales y las distintas tecnologías y procesos y posibilidades de producción disponibles). Aquí son (las expectativas sobre) los PRECIOS de mercado (cambiantes, no dados; derivados de las valoraciones individuales y los concretos procesos históricos de negociación) los que juegan el papel de guía que hacen a las personas entrar y producir un bien, o por el contrario, salirse de un mercado y buscar un modo mejor de servir a los consumidores con esos recursos). Con los incrementos artificiales de dinero-crédito se bloquea el mecanismo de retroalimentación negativa que hace a los oferentes abandonar un mercado (pues todos los precios tiran para arriba, por ese incremento artificial de la Demanda), con lo que supera la «barrera» de capacidad de producción (sostenible) con los recursos reales existentes, induciendo un auge artificial por exceso de producción que habrá de revertir (pues se han inducido y dirigido recursos a proyectos de inversión para los que no había ni recursos reales disponibles ni demanda real suficiente).

    • Esto es, en la EXPLICACIÓN CAUSAL-REALISTA AUSTRIACA, viene a ser un elemento interno, el juego de los PRECIOS de los diferentes bienes, precios que son «RESULTANTES» DE LOS distintos (PROCESOS DE) MERCADO, y cambiantes en el tiempo (en términos absolutos y también relativos), el que SIRVE PARA ajustar no solo quién se queda con qué, sino también para ORIENTAR (LA EMPRESARIALIDAD de las diferentes personas) en relación a dónde dirigir su actividad y a qué proyectos dedicar los diversos factores de producción (incentivando y orientando la creatividad innata de cada ser humano) ampliando y mejorando así, tentativamente por prueba y error, cualitativamente, la ESTRUCTURA DE CAPITAL (tanto de cada empresa particular como de la sociedad en su conjunto).

      NO ES, como en las otras escuelas económicas, una propensión INNATA a intercambiar sin ton ni son (que no se sabe muy bien qué es; A. Smith), ni se viene a requerir una intervención coactiva EXTERNA al mercado incrementando la cantidad total de dinero en circulación (Keynes, monetaristas, etc.), o imponiendo una dirección/planificación centralizada (marxismo), para que se pueda dar el crecimiento/desarrollo.

  5. Que tristeza ver el JDM transformarse en otro think tank estatista!

    • Me sorprendió la mala comprensión que tiene el profesor Eduardo Blasco, cuando dices <> de partida el ejemplo es muy malo porque la moneda en dicha situación sería una mala moneda o un mal dinero, lo cual lo mas probable es que provocaria el nacimiento de un nuevo medio de intercambio indirecto, la moneda al igual que cualquier otra cosa es un bien que es valorizado por los individuos y en dicho caso que el oro les presente un problema, lo mas probable es que buscarían otro medio de intercambio, ahora incluso si tomamos el caso de las 40 monedas de oro y creas papelitos, estas en ultima instancia atacando y quitandole valor a su moneda a personas inocentes por generar inflacion, si solucionas el problema de las otras personas para intercambiar pero a un costo etico super grande, al final seria el fin justifica, de ser ese el caso de pensar solo en la utilidad y no si es realmente bueno, no eres muy distinto a los socialistas o otras corrientes de pensamientos cercanas al utilitarismo. Con todo esto Hoppe seguiría teniendo razón, porque al final si imprimes más billetitos lo haces a costa de socializar la moneda y los ahorros de los individuos.


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