Sobre el anarcocapitalismo (XIX): lecturas para el verano de 2026

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Como todos los años, me gustaría hacer algunas propuestas de libros poco conocidos, para que quien tenga curiosidad pueda leerlos, ahora que muchos disponen de tiempo libre para hacerlo.

El primer libro que me gustaría recomendar es de Rod Dreher: La opción benedictina, Ediciones Encuentro, Madrid, 2018. Rod Dreher es un escritor conservador norteamericano, muy preocupado por el declive de los valores religiosos en la cultura occidental. Metodista de joven, abandonó la fe, pero, al tiempo, se convirtió al catolicismo. Luego, desengañado por algunas posturas de la Iglesia católica —demasiado moderna, al parecer—, se convirtió a la Iglesia ortodoxa oriental, al considerarla más próxima a sus valores conservadores.

Pero no lo cito aquí por su evolución religiosa, sino por las tesis que plantea en su libro. En un mundo en el que se han perdido buena parte de los valores cristianos, Dreher opta por salir de este mundo y crear comunidades en las que se pueda vivir de acuerdo con estos principios. Inspirándose en los monasterios benedictinos, que en su momento hicieron algo parecido, Dreher plantea algo que a un ancap le sonará bien, esto es, crear comunidades privadas que vivan al margen del estatizado mundo moderno. La única cuestión es si el Estado se lo permitiría, algo que dudo, pues entonces pronto los Estados se quedarían sin personas a las que extraer rentas. Una gran lectura, de todos modos, por las cuestiones que plantea.

En una línea parecida nos encontramos con otro converso, en este caso al catolicismo, Ross Douthat, uno de los pocos conservadores en The New York Times, quien plantea un análisis parecido en La sociedad decadente, editorial Ariel, 2021. Muy en la línea de Daniel Bell, en Las contradicciones culturales del capitalismo, Douthat plantea una sociedad decadente de pura opulencia, haciendo ciertas las viejas premoniciones del viejo sociólogo conservador. No es el hecho de tener satisfechas las necesidades básicas de una persona, sino el hecho de que estas se perciban como algo dado, como un hecho de la naturaleza, y de que bajo ninguna circunstancia estén en peligro de desaparecer, lo que origina las conductas que conducen a la decadencia.

Si a esto se le suma una cultura en la que lo único que se reclama son “derechos”, pero nunca deberes a cambio, tenemos la receta perfecta para la “decadencia” de una sociedad, que es lo que describe Douthat en relación con los Estados Unidos de hoy en día, pero que, me temo, también vale para el resto de las sociedades occidentales y, muy especialmente, dentro de ellas, para las de Europa occidental, que es quizás el modelo que debería haber escogido el autor.

Yendo a otro tipo de temática, me gustaría recomendar aquí un libro de historia. Se trata de uno de los libros del profesor Manuel Alejandro Rodríguez de la Peña, en concreto, Imperios de crueldad: la Antigüedad clásica y la inhumanidad, Ediciones Encuentro, Madrid, 2022. El autor es un especialista en historia antigua y medieval y ha realizado estudios de gran calidad sobre la realeza y la cultura de la Edad Media. Pero destaco este libro, centrado básicamente en los tiempos del Imperio romano, los cuales, quizás por influencia del Renacimiento y la Ilustración, gozan de muy buena prensa a día de hoy, frente a la tan denostada Edad Media.

Habitualmente se resaltan los logros civilizatorios del Imperio romano, incluyendo su arquitectura, su derecho y las supuestas virtudes tolerantes de su politeísmo pagano precristiano, pero se olvidan otros aspectos que formaban parte intrínseca de su cultura. El profesor Rodríguez de la Peña nos recuerda que tan “civilizado” imperio interiorizaba prácticas de una crueldad sin límites. Desde los combates de gladiadores en el circo, acompañados por matanzas masivas de todo tipo de animales, hasta la esclavitud a gran escala, pasando por sus sanguinarias prácticas bélicas, el Imperio romano tiene un lado muy oscuro, que nunca se recuerda en los discursos modernos, tan interesados en criticar al cristianismo y, por tanto, en alabar las culturas paganas previas a su auge.

Otro autor, Rodney Stark, en La expansión del cristianismo, publicado en 2025 por la editorial Trotta, nos muestra que precisamente fueron los defectos morales de la cultura romana pagana los que facilitaron la expansión del cristianismo. Los cristianos, nos dice el profesor Stark, no dejaban solos a los enfermos durante las tan habituales pestes de aquellos tiempos, practicaban la caridad con los más pobres y no veían precisamente bien los sanguinarios espectáculos romanos, que comenzaron a decaer precisamente con la cristianización del Imperio. De los libros del profesor Stark continuaremos hablando en años sucesivos, dado que comienzan a reeditarse o incluso a traducirse partes de su obra, aunque sea póstumamente.

Cambiando de tema, me gustaría destacar aquí una obra del premio Nobel James Buchanan. Nunca simpaticé mucho con la escuela de la elección pública, pues intenta introducir los métodos de la Escuela de Chicago en el ámbito de la política y peca, al menos en el caso de Buchanan, de la ingenuidad de intentar controlar el poder político con reglas, normas y constituciones fiscales. Este pequeño libro que recomiendo, La ética y el progreso económico, Ariel, Barcelona, en cambio, parece apartarse de la fría lógica neoclásica, con sus ecuaciones y diseños racionales, y acercarse, aunque sea por una vez, a los verdaderos condicionantes de la riqueza y el desarrollo económico: el trabajo y el ahorro.

No es el más famoso de sus libros ni el más citado académicamente, pero es para mí, con mucho, el más interesante de los suyos. Tampoco el título le ayuda especialmente, al aparentar ser un duro tratado de filosofía política, pero es una verdadera joya en la que se recuerdan cuáles son los valores éticos que fundan el progreso económico de las sociedades y, en verdad, acierta en cuáles son, además de justificarlos en términos económicos. Un verdadero tesoro encontrado.

Otro economista de interés es Peter Drucker. Cuando se piensa en él, normalmente se lo asocia al mundo de la dirección y la organización de empresas, lo que es, sin duda, una de sus mayores especialidades, incorporando elementos propios de la filosofía a la teoría de la gestión y dirección de organizaciones. Pero no fue esta su única especialidad. Austríaco de nacimiento y vinculado personalmente al círculo de von Mises y Schumpeter, el viejo profesor también escribió interesantes reflexiones sobre el sistema capitalista y su futuro, o sobre la sociedad de la información con Fritz Machlup, el discípulo predilecto de Mises hasta que rompieron por sus discusiones sobre si la tasa de cambio entre monedas debía ser fija o no.

El libro que recomiendo de entre los suyos es La sociedad poscapitalista, Apóstrofe, Barcelona, 1999, y no precisamente porque esté de acuerdo con lo que dice. Me interesa especialmente porque especula con el futuro del capitalismo y apunta a que este tenderá a estar cada vez más basado en el consumo de información, algo que parece correcto. Pero para que se pueda producir esa información es precisa una muy sofisticada dotación de capital físico, en forma de infraestructuras y centros de datos, que pueden requerir tanta energía y tantos medios materiales como una acería o una planta de aluminio. Aun así, es un excelente libro sobre el futuro del capitalismo, sistema que ha estudiado y conoce muy bien, y este tipo de libros no abundan.

Otro libro que me gustaría destacar es la ya olvidada Psicología del socialismo, Daniel Jorro Editor, Madrid —está digitalizado en internet—, de un psicólogo y sociólogo francés hoy poco conocido, al menos en nuestros círculos: Gustave Le Bon. Es más conocido por su Psicología de las masas, libro de gran influencia en el primer tercio del siglo XX, en el que describe la masificación del mundo y realiza una dura crítica a los sistemas educativos estatales.

En su libro sobre el socialismo, escrito antes de que fuesen bien conocidos los resultados de la experiencia socialista soviética, el autor describe con gran capacidad de predicción cuáles serían las consecuencias de la implantación de un sistema de tales características. Su conclusión es clara: frente a lo que prometían los marxistas, esto es, la extinción del Estado, el socialismo solo contribuiría a reforzarlo y a hacerlo omnipotente, de tal forma que la existencia humana estaría totalmente condicionada por las decisiones que sus líderes adoptasen. Gran libro y premonitorio. Una pena que no fuese más estudiado en otros tiempos: muchos males se habrían evitado.

Quiero finalizar esta selección con dos libros sobre el Anticristo o, mejor dicho, sobre cómo los autores lo describen. Estos libros son el clásico de comienzos del siglo XX Señor del mundo, de Hugh Benson, converso al catolicismo desde el anglicanismo y luego ordenado sacerdote, quien escribió una de las distopías más interesantes del siglo XX, Homo Legens, Madrid, 2009 —existen varias ediciones—. El otro es más reciente, escrito por otro autor católico, Michael O’Brien, y titulado El padre Elías: un apocalipsis, editorial Libros Libres, 2011.

No los escojo por su orientación religiosa, que la tienen, sino por cómo ambos explican cuáles podrían ser las características de un Anticristo de nuestro tiempo. Curiosamente, ninguno lo describe como un tirano totalitario y monstruoso, sino como un ser aparentemente bondadoso y buenista, partidario del ecumenismo, de la paz y de la concordia entre los pueblos. Su discurso es muy semejante al de un líder contemporáneo de la ONU, institución que ni estaba ni se la esperaba en 1907, año en el que Benson escribió la obra. Eso sí, ambos coinciden en que el Anticristo, detrás de su máscara, tiene una agenda oculta. En estos tiempos, en los que muchas personas suscriben discursos antiglobalistas, no cabe duda de que en estos libros podrán encontrar descritas muchas de las propuestas políticas que denostan.

Feliz verano.

Serie de lecturas veraniegas con el profesor Bastos
Serie ‘Sobre el anarcocapitalismo’

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