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Viviendo en Ancapia

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Este pequeño ensayo, trata de aclarar de forma resumida como una sociedad anarcocapitalista ofrecería los servicios que actualmente monopoliza el Estado.

Primero, se va a tratar de hacer una revisión rápida sobre qué es el anarcocapitalismo. El anarcocapitalismo es un sistema de organización social que se basa en la propiedad privada y el principio de no agresión. Dicha utopía no trata de evitar los problemas como el robo o la violencia, que por desgracia son algo intrínseco al ser humano, sino que busca formas de lidiar con ello en ausencia del Estado.

Como su propio nombre indica, anarcocapitalismo, es la ausencia de un Estado como ente regulador de la vida en sociedad. Al basarse en la propiedad privada, cada individuo es libre de hacer lo que quiera con su vida y con su cuerpo, siempre que dichas acciones que el individuo quiera realizar no atenten contra la propiedad privada de otros individuos.

Parece apropiado en este momento, decir que dentro de la propiedad privada se encuentra la propiedad del cuerpo de cada uno. Por lo que agredir a una persona físicamente significa agredir su propiedad, o, forzarla mediante la fuerza y la coacción a hacer algo que no desea también atenta contra su propiedad privada. Sin embargo, surge la pregunta de ¿Quién prestaría los servicios que actualmente presta el Estado?

El Estado no puede controlar la vida de las personas

Primero se realizará un inciso para explicar por qué el Estado no puede controlar la vida de las personas que viven en un territorio.

El principal argumento contra esto, lo da el premio Nobel de economía F.A. Hayek, con lo que se conoce como el problema de la información. Hayek, sostenía que ningún individuo o grupo de individuos posee toda la información económica necesaria para planificar centralmente un sistema económico (o potencialmente cualquier sistema social). Asumir esta pretensión de conocimientos, cometer la fatal arrogancia del constructivismo racionalista. Para funcionar de forma eficiente, los sistemas requieren de descentralización, en términos económicos, esto significa que los individuos tomen decisiones por si mimos y por su propio interés, intercambiando entre si productos y servicios para obtener un beneficio mutuo, en palabras de Adam Smith:

No es de la benevolencia del carnicero, el cervecero o el panadero de quien esperamos nuestra cena, sino porque atienden a su propio interés. Nos dirigimos, no a su humanidad, sino al amor de sí mismos, y nunca les hablamos de nuestra necesidad, sino de sus ganancias.

Y dicho intercambio da lugar a los precios de mercado, que son una de las cosas que permiten el cálculo económico.

¿Servicios propios o exclusivos del Estado?

Bien, dichos servicios serían prestados por empresas privadas o particulares. Y se contratarían mediante la firma de contratos, contratos que se tendrían que firmar de manera voluntaria en ausencia de fuerza y coacción. Pues como se ha indicado previamente, el uso de la fuerza y la coacción van en contra de la propiedad privada y el principio de no agresión.

Ahora, se procederá a mostrar algunos ejemplos de cómo el libre mercado, mediante empresarios que utilizan su función empresarial creativa, podrían sustituir al Estado en la prestación de los servicios públicos.

Los servicios por los que se piensa que el Estado es imprescindible, y que no puede ser sustituido por el mercado son los siguientes: Seguridad, defensa del país, sanidad, justicia e infraestructuras.

Seguridad…

Vamos con el servicio de seguridad, con seguridad, se hace referencia a la policía. Actualmente, este servicio lo proporciona el Estado, y lo proporciona mediante las rentas que obtiene de los impuestos. Sin embargo, la seguridad que proporciona el Estado es arbitraria y deficiente. Para demostrar esto, véase el ejemplo que da Rothbard [Extraído de los capítulos 11 y 12 de For A New Liberty]:

Parte de la respuesta se hace evidente si consideramos un mundo en el que la propiedad de la tierra y de las calles es totalmente privada. Pensemos en la zona de Times Square, en Nueva York, una zona con mucha delincuencia en la que la protección policial de las autoridades municipales es escasa. Todo neoyorquino sabe que vive y camina por las calles, y no solo por Times Square, casi en un estado de «anarquía», dependiendo de la normalidad pacífica y la buena voluntad de sus conciudadanos. La protección policial en Nueva York es mínima, un hecho dramáticamente revelado en una reciente huelga policial de una semana cuando, ¡he aquí!, la delincuencia no aumentó en absoluto con respecto a su estado normal cuando la policía está supuestamente alerta y trabajando.

… privada

Ahora veamos que solución privada nos plantea Rothbard [Extraído de los capítulos 11 y 12 de For A New Liberty]:

Los comerciantes sabrían muy bien, por supuesto, que, si la delincuencia fuera galopante en su zona, si abundaran los atracos y los asaltos, entonces sus clientes se desvanecerían y frecuentarían zonas y barrios de la competencia. Por lo tanto, a la asociación de comerciantes le interesaría económicamente ofrecer una protección policial eficaz y abundante, para que los clientes se sientan atraídos por su barrio, en lugar de ser repelidos. Los negocios privados, después de todo, siempre intentan atraer y mantener a sus clientes.

Como vemos, el propio interés de los comerciantes o de las personas que viven en una zona es que dicha zona sea segura, para así poder desarrollar su vida con normalidad. Obviamente, surge la pregunta de quién proporcionaría este servicio. La respuesta a la pregunta es simple, una empresa de seguridad privada contratada por la asociación de vendedores, en el ejemplo de Rothbard, o los habitantes de una zona en concreto.

Con esto podemos concluir el apartado dedicado al servicio de seguridad.

Defensa nacional

El siguiente servicio que monopoliza el Estado y suele pensarse que no se podría suministrar de forma privada es la defensa del país. Actualmente la defensa del país está en manos del Estado. Estos servicios los proporciona, al igual que todos, gracias a las rentas que extrae a los ciudadanos mediante los impuestos. El tema de la defensa nacional es algo que se nos plantea desde el Estado como algo fundamental. Pero como todos los servicios que proporciona el Estado puede ser sustituido y suministrado por el mercado. Además, como dice el profesor Bastos, la defensa es un bien subjetivo. Es decir, para algunos puede haber mucha provisión de defensa y para otras personas hay muy poca. Por lo que en cuanto a la cantidad no es un bien público.

Por otra parte, no es un bien público en el sentido de que no todos los ciudadanos están igual de defendidos. Esto se debe a que la defensa es un bien geográfico. Por ejemplo, una persona que viva en primera línea del frente está peor defendida que una que viva más alejada del frente. Cuando se habla de frente, se habla de las zonas fronterizas del país.

De qué vale que el Estado provea defensa si hay sujetos que no están satisfechos con la cantidad de defensa que reciben. El mercado podría suministrar este servicio mediante mercenarios, que si hay conflicto bélico con un país que no es anarcocapitalista podría servir para la defensa del territorio anarcocapitalista.

Invadir un territorio anarquista

Sin embargo, conquistar militarmente un territorio anarquista es imposible, véase el ejemplo de Polonia en el siglo XVII (Tibor Machan, “anarchism minarchism”), cuando se encontraba en anarquía. Los suecos invadieron Polonia, cuando había aquella especie de anarquía, y no tuvieron nada que conquistar, simplemente vagaban por el país, nadie se les enfrentaba.

Un ejército entero no puede ocupar un país, lo que puede hacer es derrotar una cabeza. Por ejemplo, los nazis conquistaron Francia, conquistaron la cabeza y ellos se pusieron a la cabeza y ya dominan el país. Porque los Estados tienen una estructura muy jerárquica, por lo que basta con poner la cabeza, conservar a los funcionarios. Porque los funcionarios rápidamente cambian de bando. Solo depuran la cabeza y, policía, jueces, etc. Se mantienen los mismos.

Pero qué pasó en Polonia, que no pudieron conquistarla, daban vueltas por el país porque no había nada que conquistar. Y los civiles armados en guerrillas los iba hostigando.

Cuando se trata de conquistar un territorio anarquista por parte de un Estado, éste tiene que ir uno por uno, por lo que la conquista es larga y muy agonizante, en cambio cuando un Estado conquista a otro solo tiene que quitarle la cabeza y sustituirla por una nueva, la del invasor.

Como se ha mostrado, la defensa nacional de un territorio anarquista puede ser hecha por entidades privadas, ya sea mediante el contrato de mercenarios o por medio de la organización de guerrillas. Además, se ha dejado claro, que no se puede conquistar un territorio anarquista de otra manera que no sea yendo uno por uno, pues no hay nada que conquistar, no hay ningún poder que se robar u obtener.

Sanidad

El servicio de sanidad, generalmente se encuentra monopolizado por el Estado hoy en día. Y en los casos en los que no lo está, está muy regulado y controlado por el Estado. Al igual que todos los demás servicios esté es financiado mediante impuestos. Como todos los servicios públicos, se prestan de forma desigual y arbitraria, normalmente coincidiendo con los intereses de políticos o de lobbies que ejercen presión sobre los políticos para obtener ciertos privilegios, esto es lo que se conoce como captura de rentas.

Estos servicios podrían ser prestado por entidades privadas perfectamente, es más, sería prestado de una forma más eficiente y se adaptaría a las demandas subjetivas de los individuos. En un mundo sin Estado, este servicio se obtendría mediante la contratación de seguros de salud privados, en los cuales, el individuo contratante elegiría la póliza que más se adapte a sus necesidades y valoraciones subjetiva.

¿Y quienes no pueden pagarlo?

Pero ahora es cuando surge la pregunta; ¿Y qué pasa con las personas que no pueden permitírselo?

Pues en el caso de estas personas, podrían recurrir a sociedades de ayuda mutua. Dichas sociedades obtienen financiación de sus miembros y de donantes privados. Su función es la de ayudar económicamente a todos sus miembros en caso de necesidad. Un ejemplo sería el de dar subsidios por desempleo durante un tiempo limitado hasta que el beneficiario del subsidio encontrase trabajo, otro ejemplo podría ser el de pagar una cirugía necesaria a uno de sus miembros.

Se ha dicho que esto sería más eficiente que el servicio prestado por el Estado. Esto se debe a que al ser empresas privadas buscan su propio beneficio y para obtener dicho beneficio lo que tienen que hacer es ofrecer a los clientes un buen servicio. Además, debido a la competencia que se da en el libre mercado, los precios de los seguros y de los servicios sanitarios tenderían a bajar.

Justicia

La provisión del servicio de justica es otro de los tantos monopolios que capará el Estado. Y lo hace con la excusa de que es una justicia equitativa, pero la verdad es que hay personas que obtienen tratos de favor en los juicios, por ejemplo, los políticos y grandes empresarios. En muchos países, los políticos no son juzgados por tribunales civiles, sino que son juzgados por tribunales especiales. Lo cual ya rompe la equidad que se hablaba anteriormente. La justicia en un territorio sin Estado se aplicaría de forma privada, como ya se hizo en el mal denominado salvaje oeste. Allí se establecieron policía y jueces privados. (Para más información sobre el Oeste, véase el libro “El no tan salvaje oeste” de Anderson & Hill”).

La policía privada defiende unas leyes, detienen al delincuente y le aplican el castigo o sanción pertinente. Normalmente los castigos que se ponían era la expulsión del criminal del sitio y no permitirle la entrada en ese lugar. Actualmente, nuestra sociedad se basa en dos tipos de pena, la prisión o la multa. Pero el abanico de penas de estas sociedades es mucho más amplio.

El control por parte de la sociedad

Por ejemplo, la idea de la vergüenza, todos los escritos que hay sobre el orden en sociedades tipo favela, donde las leyes del Estado no rigen, aunque se esté dentro de un Estado. Para los delincuentes emplean la vergüenza. Por ejemplo, se empluma al delincuente y se le pasea en burro por la calle, con el objetivo de que éste sea avergonzado.

La figura del juez privado existió en muchas sociedades, en el islam, por ejemplo, tenían la figura del cadí. El cadí no es un juez que tenga el monopolio territorial como ocurre hoy en día. En estas sociedades había hombres santos, basados en leyes, que, en el caso de un conflicto entre dos partes, las partes escogían al cadí. Es decir, las dos partes escogerían de común acuerdo al juez que tenga mejor reputación. Por lo que hay un incentivo al juez a ser santo o a no ser corrupto.

Obviamente el juez puede ser corrupto, pero si el juez es corrupto, pierde fama, pierde el negocio ya que no lo quieren contratar después. Básicamente, en una sociedad sin Estado el papel de un juez sería el de arbitro, y dictaría la sentencia de acuerdo con la ley. Y la sentencia es acatada por la comunidad bajo pena de exclusión del que no cumpla con esa norma.

Infraestructuras

El primer punto que hay que platear es que la planificación central del transporte, al igual que todo tipo de planificación central, se encuentra con el problema de la información descrito al principio.

Las personas directamente responsables y afectadas por los proyectos deberían ser quienes los planificarán, no una entidad burocrática vertical y distante. Los costes de adquirir toda la información local necesaria para calcular una empresa tan complicada son insuperables. Tampoco debería permitirse que quienes invierten en el desarrollo de infraestructuras obliguen a todos los habitantes de una zona geográfica arbitraria (como Estados Unidos) a subvencionar su construcción y mantenimiento. ¿Por qué tienes que pagar por una carretera que nunca verás en San Agustín, Florida? ¿Un puerto en Galveston, Texas? Las personas que desean tal desarrollo deberían asumir el coste total de sus acciones y permitir a los consumidores apoyar o no sus planes en el punto de consumo (es decir, votar con el propio dinero).

Un ejemplo de construcción y financiación de las infraestructuras como las carreteras con inversión privada son las corporaciones de peajes que hubo en Estados Unidos. Los inversores siempre estaban dispuestos a invertir en ellas, aunque no recibiesen beneficios directos, pues recibían gran cantidad de beneficios indirectos como el aumento del valor de su propiedad.

John Majewski

Véase el siguiente ejemplo del historiador John Majewski:

Los accionistas esperaban obtener recompensas por su inversión no tanto a través de los rendimientos directos (como los dividendos y la revalorización de las acciones), sino de los beneficios indirectos (el aumento del comercio y el mayor valor de la tierra)”. Lo que es crucial señalar aquí es que la teoría moderna de los bienes públicos sugiere que sólo el Estado, en su obligación de proporcionar el “bien público” (la piedra angular de la teoría de la primera república de la que se deriva la teoría económica moderna), tiene algún motivo para construir cualquier cosa que proporcione sólo “beneficios indirectos” a una comunidad. El grueso de los economistas ignora abrumadoramente los hechos de la historia, que sugieren lo contrario.

La teoría misesiana de la razón

Sin embargo, el interés propio no era el único motivador detrás de la inversión privada en corporaciones de peajes no rentables. La gente también estaba incentivada por un interés en su comunidad. Es lo que Alexis de Tocqueville denominó “interés propio correctamente entendido”. La racionalidad económica perfecta puede exigir a los inversores que eviten suscribir corporaciones no rentables (como hicieron cada vez más los gobiernos estatales y locales, independientemente del “bien público” que proporcionaban las carreteras). Pero la visión de Mises de la racionalidad explica lo que la racionalidad neoclásica no puede. Para Mises, la “racionalidad” se refería al uso de la razón —o “raciocinio”— para decidir los medios más adecuados para un fin deseado, y el “fin deseado” no tiene por qué ser el beneficio económico.

Si el propósito de la teoría es explicar los fenómenos observables, la teoría misesiana de la racionalidad parece muy superior a la que se enseña en los cursos estándar de economía. A la pregunta de “¿Por qué la gente invirtió en empresas de peajes no rentables?” podemos deducir la respuesta que daría Mises: valoraban más los beneficios personales y comunales que proporcionaban las carreteras que los dividendos de una empresa rentable.

Conclusión

En resumen, el anarcocapitalismo propone una sociedad sin un Estado centralizado, donde la propiedad privada y el principio de no agresión son fundamentales. En esta sociedad, los servicios actualmente provistos por el Estado, como seguridad, defensa nacional, sanidad, justicia e infraestructuras, serían proporcionados por entidades privadas de manera voluntaria y competitiva en el libre mercado.

La seguridad se gestionaría mediante empresas privadas contratadas por asociaciones de individuos o comunidades. La defensa nacional podría realizarse a través de mercenarios o la organización de guerrillas, siendo más difícil conquistar un territorio anarquista. La sanidad se basaría en seguros de salud privados y sociedades de ayuda mutua para aquellos que no puedan pagarlos. La justicia sería administrada por jueces privados y las infraestructuras serían planificadas y financiadas por quienes se benefician de ellas, evitando la imposición de costos a quienes no las utilizan. En una sociedad anarcocapitalista, se buscaría la eficiencia y la adaptación a las necesidades individuales a través de la libre competencia y la cooperación voluntaria, sin la intervención coercitiva del Estado.

Ver también

Anarcocapitalismo y anarcocomunismo, las diferencias fundamentales. (Juan Navarrete).

Anarcocapitalismo, minarquismo y evolucionismo. (Francisco Capella).

Más problemas del anarcocapitalismo. (Francisco Capella).

El anarcocapitalismo de Miguel Anxo Bastos. (José Augusto Domínguez).

El anarcocapitalismo pragmático: por qué Rallo y Capella tampoco tienen razón. (Eladio García).

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