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Los cien días de Milei

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El 20 de marzo de 1815, el prefecto de París (algo así como el alcalde), Conde de Chabrol, entonó un discurso de bienvenida al emperador Napoleón Bonaparte tras su triunfal regreso desde la isla de Elba, donde había sido desterrado por la coalición de potencias europeas. Napoleón había conseguido regresar de su exilio tras un periodo de apenas once meses, tiempo en el que se dedicó a conspirar sin descanso por su vuelta al poder. Francia volvió a la guerra contra toda Europa. Este período terminó abruptamente el 8 de julio de 1815 con la reinstauración en el trono francés de Luis XVIII. Sumando, obtenemos una cantidad de cien días. Precisamente el tiempo, cien días, que en la actualidad, suelen pedir los gobernantes para tomar sus primeras medidas y dejar claro cuál será su política a lo largo del mandato.

Ni cien segundos

Este mismo mes de diciembre, Javier Milei ha juramentado el cargo como presidente de la Nación Argentina tras su victoria en las elecciones presidenciales del pasado mes de noviembre. A Milei no es que precisamente le hayan dado cien días de gobierno de cortesía. Por ejemplo, los funcionarios de Banco Central de la República Argentina (BCRA), institución maldita para el nuevo presidente argentino, llevan en huelga desde antes de la celebración de las elecciones. No va a tener ni cien segundos por parte de sus enemigos. Es más, le van a culpar por todo lo que haya pasado en los cien días anteriores a su toma del poder.

De otra, los liberales tampoco le van a dar cien días. No le van a perdonar que Argentina no adelante a Luxemburgo en renta per cápita antes de que acabe el año. En un país que ha perdido poder adquisitivo en las últimas dos décadas de forma exponencial, la paciencia ante unas medidas tan duras como necesarias es vital para conformar en cuatro años una mayoría necesaria para continuar en la senda de la economía de mercado.

Tercermundismo e inflación

Porque lo que se encuentra Milei al tomar en poder no es que sea una herencia envenenada, es directamente un país del tercer mundo. Desde la llegada al poder de Néstor Kirchner en 2003, el peronismo ha gobernado el país dieciséis de veinte años, es decir, el 80% del tiempo. En esos momentos, Argentina salía del corralito y de las políticas de austeridad que asumió voluntariamente tras el rescate del FMI. En una primera fase, el gobierno Kirchner gozó de cierta estabilidad económica.

Sin ir más lejos, ya en 2011, tras tres años de gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, los argentinos tocaron techo en lo relativo al PIB per cápita, con $14.200, medido a precios constantes. Luego, las medidas de incremento del poder estatal sobre la vida de los argentinos han dado poco a poco sus frutos. De hecho, ya en 2023 van a cerrar con un PIB de $12.932,50, es decir, un 8,93% menos que el tope de 2011. Esto es, los argentinos se han dejado casi un 10% de PIB en una década.

Sin embargo, el gran problema que se encuentra Milei es, sin ninguna duda, la inflación. La subida de precios durante el mandato de Alberto Fernández, o Néstor Kirchner III, ha sido, simplemente, dramática. A una inflación interanual del 14,7%, entre octubre de 2022 y octubre de 2023, poco se le puede añadir. O que la inflación entre enero y octubre sea del 120%, con visos de acabar el año cerca del 200%, algo de lo que seguro culparán a Milei por asumir el cargo el 10 de diciembre. En 2022 la inflación se situó en el 69,7%, que, siendo alta, se queda a la altura del betún con la inflación de 2023.

Y acabar con el Banco Central

Por ello, la gran promesa de Milei durante su mandato pasa por la dolarización. No es que los argentinos no utilicen dólares, medio de cambio generalizado en estos momentos. La cuestión es convertir el dólar en moneda de curso legal, con lo cual se podrá pagar impuestos y llevar la contabilidad en dólares, además de terminar con el control de la política monetaria por parte del BCRA, institución que Milei se ha comprometido a cerrar.

Ahora bien, no puede haber dolarización sin cerrar el déficit público, del 17% del PIB este año. La razón es que un déficit público semejante con una dolarización implicaría un desequilibrio en la balanza de pagos tan traumático que la situación podría llevarse por delante cualquier atisbo de cambio. Pero no se podrá cerrar el déficit público sin recortar el gasto de forma espectacular. Milei ya ha anunciado que pretende recortar el gasto público un 5% del PIB en 2024, algo de momento insuficiente, pero desde luego en la senda correcta.

Sin embargo, corre el riesgo, y esta lección la tiene bien aprendida del gobierno de Macri, de que los recortes no sean suficientes. La solución pasa por un recorte del gasto público muy directo (la famosa motosierra). Pero, y aquí el gran problema, el Estado argentino tiene a la mitad de la población encaramada al presupuesto público. Recortar y eliminar paulatinamente los subsidios va a provocar dolor, miseria y hambre. Esto es, pagar los costes del estatismo.

Juntos por el Cargo

Para este fin, Milei tiene que apoyarse en la coalición Juntos por el Cambio, o, como él mismo los llamaba despectivamente, Juntos por el Cargo. En estos momentos, La Libertad Avanza tiene treinta y ocho diputados en la Cámara y siete senadores, una minoría exigua para llevar a cabo su programa de gobierno. Necesita sí o sí el apoyo de Juntos por el Cargo, el cual, con sus noventa y tres diputados y veinticuatro senadores, otorga a Milei una mayoría absoluta en la Cámara y un 43% de apoyo en el Senado (aquí todavía tiene que buscar más apoyos).

De ahí la razón de haber nombrado a Patricia Bullrich ministra de seguridad (lo que aquí equivale a ministro del interior) para atraer a su proyecto diputados de la derecha. La buena noticia es que esta coalición se trata de un grupo sin alma, sin interés por las reformas de calado ni ideología ninguna, que únicamente pretende manejar la ruina peronista de vez en cuando sin atacar los problemas fundamentales del país. (Por favor, que nadie compare esto con algún partido español).

Ver también

Las corridas de toros y el futuro de Argentina. (Santiago Dussan).

Las ideas importan, y mucho. (Mateo Rosales).

La hora de la verdad de Javier Milei. (Mateo Rosales).

Victoria de Milei: lo que puede aprender España. (Benjamín Santamaría).

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

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