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Todos moros o todos cristianos

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Tras su primer mes en el cargo, la presidencia de Javier Milei ha entrado en la batalla política por la consecución de las reformas que Argentina necesita como el comer, nunca mejor dicho. Superada la luna de miel, podría decirse, que supone la investidura y los primeros días en el cargo, el gobierno de coalición entre La Libertad Avanza y Juntos por el Cambio ha tenido que remangarse y empezar, de verdad, a poner sobre la mesa el cambio en la estructura productiva que necesita el país. Para ello, el gobierno de Milei presentó el pasado 20 de diciembre un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) por el cual acometía la primera parte reformista, tienen que venir más, del Estado. Entre otras medidas, se contempla la privatización de empresas estatales, como YPF y Aerolíneas Argentinas, así como el cierre de organismos tales como el Observatorio de Precios y Disponibilidad de Insumos, Bienes y Servicios y la eliminación de impuestos como el de Góndolas.

Echar sal en la herida de los intereses creados

Las reacciones no se hicieron esperar lo más mínimo. No había terminado Milei su discurso ante la nación anunciando las medidas cuando ya se convocaron manifestaciones por parte de la oposición y los sindicatos. De hecho, la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo ha suspendido cautelarmente la aplicación del decreto al no apreciar las dos condiciones que la legislación nacional impone: necesidad y urgencia. Pues bien, mientras esta situación se resuelve, hemos sabido que Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner y Sergio Massa han dejado el país con la nada desdeñable cifra de un 211,4% de inflación interanual, un 25,5% sólo en el mes de diciembre.

La justicia argentina, por tanto, no considera que la peor situación económica del país en un siglo sea suficiente motivo para emprender acciones legislativas directas. En su lugar, puede que Milei se vea abocado a un interminable trámite parlamentario, algo desesperante en un país como Argentina, lleno de gente a la que apenas le gusta enzarzarse en enfrentamientos dialécticos.

Revertir la situación y mover la ventana de Overton

Entre los liberales de este lado del Atlántico ha causado bastante debate sobre si es lícito que Milei emprenda una reforma legislativa de tanto calado por la puerta de atrás, sin llevar a cabo los trámites parlamentarios ordinariamente necesarios para ello. Pues bien, cabe recordar que esta misma herramienta fue impuesta por los gobiernos peronistas para, entre otras cosas, estatalizar YPF (luego le ha costado al Estado argentino una condena de 16.000 millones, cuando dijeron que iba a costar 5.000), imponer un arresto domiciliario (mientras CFK se iba de vacaciones en el avión oficial habiendo prohibido los viajes) o la creación de impuestos u organismos absolutamente inútiles.

Por tanto, a Milei no le debemos únicamente la cuestión de desregular la economía, sino la forma en la que lo está haciendo. Milei nos ha enseñado a equilibrar el tablero, a traer la ventana de Overton de nuevo a una posición más equitativa. Si los peronistas utilizaron el DNU para hacer crecer el Estado, es totalmente legítima, inclusive moralmente necesario, utilizar el mismo sistema para revertir la situación. No hay que tener miedo a jugar en el campo que ellos ensancharon.

Pedro Sánchez, campeón

En España, por nuestra parte, existe un mecanismo parecido: el real decreto ley. En casos de “extrema y urgente necesidad”, el ejecutivo puede tomar las funciones del legislativo y regular ciertas situaciones excepcionales. Ahora bien, el problema es que el Tribunal Constitucional, posiblemente el organismo más politizado ahora mismo de todo el Estado, ha ido permitiendo paulatinamente que por “extrema y urgente necesidad” se haya ido colando todo. La última ha sido un real decreto de medidas urgentes de 187 páginas y con algunas medias que no entran en vigor hasta centro de cinco meses.

El gobierno de Sánchez ostenta el récord absoluto: en su primera legislatura, de apenas unos meses, se fue a veinticinco. Pero eso no ha sido nada con la legislatura pasada que acabamos de superar: ciento veinticinco, récord absoluto. De esta forma, el ejecutivo usurpa las legítimas funciones del legislativo, manda a tomar viento fresco la separación de poderes y, lo que es peor, se convierte en una herramienta de chantaje político.

Por ello, si algo hay que pedirles a futuros gobiernos españoles es que no les tiemble la mano para utilizar la misma herramienta para devolver a la ciudadanía el poder que, a través de los reales decretos, se nos ha ido quitando. Ya lo dice el viejo proverbio castellano: todos moros o todos cristianos.

Ver también

Javier Milei: la persuasión y la negociación median con el éxito. (George Youkhadar).

Los cien días de Milei (Cristóbal Matarán).

Las corridas de toros y el futuro de Argentina. (Santiago Dussan).

Las ideas importan, y mucho. (Mateo Rosales).

La hora de la verdad de Javier Milei. (Mateo Rosales).

Victoria de Milei: lo que puede aprender España. (Benjamín Santamaría).

Maradona, el asado y la libertad. (Alfredo Reguera).

Javier Milei, un libertario camino de ser presidente de Argentina. (Santiago Dussan).

Javier Milei y la bandera de libertad. (Mateo Rosales).

¿Es Milei el milagro económico que necesita Argentina? (Fernando Vicente).

Milei, la opción liberal. (Mateo Rosales).

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