El lenguaje económico (LIX): Religión

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El lenguaje económico recurre ocasionalmente a tropos religiosos. En la mayoría de casos —apóstoles, dogma, gurú, profeta, herejía, milagro, etc.— su uso metafórico no reviste problemas, con la excepción de la frase bíblica: Dad a César lo que es de César» (Mt 22,21), cuya exégesis ha supuesto el blanqueamiento ético de la coacción fiscal por la totalidad de las religiones cristianas.

Apóstoles

Esta metáfora se emplea para desacreditar a un oponente intelectual. Ludwig von Mises (2011) la emplea cuatro veces en su libro «La acción humana»: «profetas, apóstoles y carismáticos jerarcas» (176), «apóstoles del inflacionismo y el expansionismo» (559), «apóstoles de la violencia» (978), y «apóstoles del dirigismo» (1009). Los socialistas e intervencionistas, por su parte, hacen lo propio contra los partidarios del capitalismo y el libre mercado. 

Becerro de oro

En la Biblia, los israelitas obligaron a Aarón (hermano de Moisés) a crear un ídolo de oro con forma de becerro para adorarlo como su dios. Por tanto, estamos ante una tropo que critica la adoración a la riqueza.


Dad a César lo que es de César (Mt 22,21)

Esta frase (analizada 01/06/2023), junto con la enseñanza paulina que los tributos se pagan por razón del servicio público (Rom 13, 6–7), ha desembocado en una aceptación generalizada de la moralidad del impuesto (dinerario) por parte de las religiones. La Iglesia católica, lo afirma explícitamente en su catecismo (1992: 2240): «La sumisión a la autoridad y la corresponsabilidad en el bien común exigen moralmente el pago de los impuestos». Solo algunas iglesias evangélicas —cuáqueros, amish, testigos de Jehová, adventistas del Séptimo Día— se niegan (a riesgo de ir a la cárcel) a pagar un tipo especial de impuesto: la «conscripción». Las organizaciones religiosas, sea por propio interés, por anuencia o incluso por convicción, han terminado arrodillándose ante el dios Estado.

Dogma económico

En ocasiones, determinadas tesis económicas —los mercados se autorregulan, los controles de precios empeoran la situación, el salario mínimo causa desempleo, etc.— son llamadas metafóricamente «dogmas» con una clara finalidad erística. El acusador renuncia al debate intelectual y desacredita la verdad económica haciéndola pasar por un acto de fe o de obediencia al precepto religioso.

Gurú económico

En el hinduismo, un gurú es un maestro espiritual o jefe religioso. En economía, se usa metafóricamente para designar a un experto capaz de anticipar el futuro y prescribir conductas correctas (inversión, evitar crisis), a menudo con un aura carismática. Sin embargo, la habilidad empresarial para reconocer y anticipar los deseos de los consumidores no es una cuestión metafísica, sino una mezcla de aptitudes humanas: conocimiento, experiencia, razonamiento lógico, perspicacia, ingenio, etc.

Profeta económico

Afirmar que Carlos Marx fue un profeta económico no es ninguna metáfora. El fin apocalíptico del capitalismo y el inevitable advenimiento del comunismo fue, stricto sensu, una profecía. Marx revistió su «teoría» con un halo científico sin aportar prueba alguna de sus predicciones. «Marx, como Hegel, se consideraba sublime profeta impartiendo al pueblo las revelaciones que esotéricas voces le proporcionaban» (Mises, 2011: 820).

Herejía económica

Esta metáfora es usada por una comunidad científica para criticar alguna tesis que se separa o contradice el paradigma científico actual. Por ejemplo, la validez jurídica de la banca con reserva fraccionaria, bajo ciertas condiciones (“free banking”), que defiende el economista Juan Ramón Rallo, es considerada una «herejía» por el profesor Huerta de Soto y por la mayoría de economistas austriacos. Esta metáfora, a diferencia del «dogma», no tiene una finalidad erística pues existe un debate intelectual al respecto. El hereje económico también puede ser llamado «heterodoxo».

Milagro económico

En economía no existen milagros. Toda realidad obedece a causas bien identificadas por la ciencia económica. El llamado «milagro económico alemán», tras la II Guerra Mundial, tuvo causas bien conocidas: el Plan Marshall, la reforma monetaria de 1948 y la inmediata eliminación de los controles de precios. No fue la divinidad, sino Ludwig Erhard, quien lideró la transición desde una economía intervenida por las potencias administradoras —EE.UU. y Reino Unido— a otra de libre mercado. Por semejante «milagro», Erhard, según sus propias palabras, fue «promovido al rango de moderno profeta de la economía» (Huerta de Soto, 2008: 262).

Pecado

Los anarcocapitalistas y otros defensores de la libertad y la propiedad usan esta metáfora para acusar al Estado de determinadas conductas inmorales: deuda pública, impuestos, inflación monetaria y crediticia, intervencionismo, etc. Por su parte, los socialistas acusan a los primeros de otros pecados: avaricia, egoísmo, individualismo, inhumanidad, insolidaridad, etc.

Redención

En el sentido bíblico, redimir significa rescatar o liberar a alguien de la esclavitud o del pecado, pagando por ello un rescate o algo a cambio. En economía, «redimir la deuda» significa amortizarla o cancelarla, normalmente pagando el principal más los intereses, con objeto de extinguir la obligación.

Religión

Los partidarios de la libertad económica y los intervencionistas, con una finalidad erística, frecuentemente, se acusan mutuamente de constituir una «religión». Con esta metáfora, el hablante tacha de dogmáticas, irracionales o acientíficas las tesis de su oponente.

Bibliografía

Huerta de Soto, J. (2008). Lecturas de economía política II. Madrid: Unión Editorial.

Mises, L. (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.

Serie ‘El lenguaje económico’

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