Crítica a la tesis de Bitcoin como dinero fuerte IV

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En esta entrega voy a proceder a criticar el tratamiento sobre el teorema de regresión que hace Joel Serrano en su tesis en relación con Bitcoin. Para ubicar al lector, a continuación voy a citar a Mises en lo que para mí es el núcleo central de su teorema:

“ninguna mercancía puede emplearse como medio de intercambio si, antes de ser utilizada como tal, no tenía ya valor de cambio por razón de otros posibles empleos. Y todas las afirmaciones implícitas en el teorema regresivo se enuncian apodícticamente desde el apriorismo praxeológico. Las cosas deben suceder así. No es concebible ninguna otra situación en que las cosas sucederían de modo diferente.
[..]
Tratándose del dinero, los juicios de valor sólo son posibles si se basan en la tasación de la moneda. La aparición de una nueva clase de dinero presupone que el objeto en que se materializa goce ya anteriormente de valor de cambio a causa de su utilidad para el consumo o la producción. Ni el comprador ni el vendedor pueden estimar determinada unidad monetaria si no conocen su valor de cambio —su poder adquisitivo— en el inmediato pasado.” (Mises 2011, pp. 493-494)

El nudo gordiano del asunto, es que según Mises un objeto totalmente nuevo sin ninguna utilidad no monetaria que nunca ha sido intercambiado, no puede utilizarse como medio de cambio porque ni el comprador ni el vendedor pueden hacerse una idea de su poder adquisitivo presente sin una referencia de poder adquisitivo pasado.

Es obligatorio, es decir, ¡es inconcebible que suceda de modo diferente según Mises!, que el objeto haya sido valorado e intercambiado por alguna otra razón distinta de ser un medio de cambio. En ese caso ya tendría un primer precio de referencia, y a partir de ese momento podría “volar libre” y emprender su evolución a ser un medio de cambio o incluso un medio de cambio generalmente aceptado, es decir, dinero. 

Según Joel, Bitcoin no violaría el teorema de regresión de Mises porque inicialmente fue demandado para otros propósitos distintos de ser medio de cambio, y en ese contexto ya se generó ese primer precio que exige el teorema de regresión.

La apuesta de Finney

En primer lugar he de decir que me resulta bastante desconcertante el enfoque histórico que adopta Joel para defender el teorema, cuando el teorema es una proposición lógica, no histórica. En ese sentido, entre otros argumentos históricos utiliza como referencia la reflexión de Hal Finney pocos días después del bloque génesis a principios de Enero de 2009, que muy resumidamente venía a decir que ante la posibilidad de que Bitcoin llegue a ser dinero, podría ser una apuesta muy lucrativa gastar en aquel momento unos pocos céntimos de electricidad para obtener unidades de Bitcoin que en un futuro no muy lejano podrían valer miles de dólares.

Voy a recoger el ejemplo de Hal Finney porque creo que es muy ilustrativo, pero no como hecho histórico sino como posibilidad lógica. Es decir, como una reflexión racional posible que pudiera haber hecho cualquier persona, incluido Satoshi, independientemente de que Finney o Satoshi realmente la hicieran o no. 

Y en este sentido, es cuestión pacífica que la reflexión de Finney es posible. Joel no afirma que fuera imposible y que en realidad estuviera demandando unidades de Bitcoin por una razón distinta a la de especular a que Bitcoin podría ser dinero en un futuro.  Lo que afirma Joel es que esta apuesta especulativa es en sí misma un valor de uso. Sería esa utilidad industrial o de consumo que exige Mises.

Quiero destacar también, que aunque yo tenga muy pocas dudas de que Satoshi o Finney demandaron Bitcoin por razones exclusivamente monetarias, es irrelevante que yo tenga razón o no, porque, insisto, no se trata de discernir un hecho histórico sino de demostrar si entra dentro de lo lógicamente posible que demandaran Bitcoin por razones única y exclusivamente monetarias. Por tanto, si Joel admite la demanda de Finney como posible aunque la califique como valor de uso, no puede negar que también fuera posible por parte de Satoshi o de cualquier otro sujeto. 

En mi opinión calificar o etiquetar la especulación como valor de uso no tiene ningún sentido, y además vacía totalmente de contenido el teorema como explicaré más adelante. Pero es que la etiqueta que le ponga Joel y lo que yo opine es, de nuevo, irrelevante. El etiquetado formal-académico no puede cambiar la realidad material de esta posible apuesta especulativa.  

Joel no soluciona el problema que pretende solventar Mises mediante su teorema de regresión al etiquetar la actuación de Finney como un valor de uso. Pues en este caso la demanda por parte de Hal Finney está sujeta a su expectativa de que Bitcoin sea útil como dinero. En el marco teórico de Mises “útil como dinero” significa tener poder adquisitivo. Que es exactamente lo que Mises afirma que quedó sin explicación en la teoría de Menger (Mises 1997, p. 91), y que de esta manera no era posible aplicar la teoría subjetiva al dinero porque implícitamente, según él, se hacía depender el poder adquisitivo del dinero de su demanda, y su demanda de su poder adquisitivo.

Finney apoya su demanda única y exclusivamente en la utilidad de Bitcoin como dinero. No hay ninguna otra valoración por ninguna otra razón. Por tanto, Joel de ninguna manera solventa el problema que denuncia Mises por mucho que le ponga la etiqueta “valor de uso” al plan de Finney.

Toda acción humana busca un beneficio

Añade Joel que, además, la satisfacción por el hecho de haber elaborado un plan especulativo es también un valor de uso. Y enumera otros valores de uso por parte de otros individuos como la satisfacción intelectual en un sentido técnico, razones ideológicas, etc. Dejando aparte que en algunos casos Joel está mezclando otros bienes distintos al candidato a medio de cambio como puede ser el software que gestiona las unidades de bitcoin, o el plan de a qué precio comprar y a qué precio vender, el problema es que Joel desborda el teorema al hacer todas estas consideraciones. 

Si el hecho de que Finney considere que actúa de manera correcta al plantear esta operación es un valor de uso, entonces estamos ante la premisa universal de que la satisfacción por actuar correctamente es común a toda acción humana (Serrano 2025, p. 156), y la acción de planificar para adquirir con el único propósito de intercambiar más adelante, es una acción humana. Es más, la descripción general que hace Mises de toda acción humana es exactamente lo que hace Finney: planificar un beneficio (Mises 2011, p. 117).

Destrucción del Teorema de Regresión

Los valores de uso que Joel propone atribuir a la demanda inicial de Bitcoin destruyen  totalmente el teorema. Según Mises, los bienes con valor de uso se explican con la teoría general del valor subjetivo, el caso especial del teorema solo es aplicable y necesario para los bienes ¡sin! ningún valor de uso presente, como la moneda fiat. 

Pero si la satisfacción por actuar correctamente, la especulación en un sentido estrecho, o cualquier acción genérica por ser especulativa en sentido amplio son todos valores de uso, entonces no existirá ningún bien económico sin valor de uso presente al que poder aplicar el teorema. Joel afirma que en la actualidad Bitcoin, sin duda, tiene valores de uso no monetarios (Serrano 2025, p. 157, énfasis mío):

“Este ejemplo [adquisición del profesor Bastos por su ideología anarcocapitalista] sirve además para mostrar que no solo se podían apreciar otras utilidades en Bitcoin antes de ser medio de intercambio (y, de hecho, se apreciaban), sino que todavía pueden ser apreciadas en la actualidad. No importa que intuyamos que en estos momentos Bitcoin es apreciado principalmente por su utilidad como medio de intercambio con reserva de valor, pues una parte de aquellos que aprecian Bitcoin, por pequeña que sea, lo hace sin duda por otros motivos (añadidos al principal o totalmente independientes). Mi caso particular me permite afirmar esto sin miedo a equivocarme.”

Al análisis histórico-empírico de Joel, yo le lanzo un órdago lógico-deductivo. Pues afirmo también sin ningún miedo a equivocarme que desde la praxeología de Mises sería imposible negar que alguno de los usos no monetarios de la amplia gama que propone Joel puedan ser apreciados por algún sujeto en Bitcoin en cualquier momento presente. Por tanto, bajo ese razonamiento es innecesario aplicar el teorema a Bitcoin pues no hace, ni nunca habría hecho falta, ninguna regresión al pasado.

Tampoco se podría dar jamás el caso que el propio Mises admite como posible de que un dinero-mercancía (según su definición) pueda perder totalmente todo valor de uso no monetario (Serrano 2025, p. 64). 

Para cerrar esta cuestión, Mises afirma que toda acción humana es especulativa:

“Porque la acción —hagámoslo notar desde ahora al iniciar nuestras investigaciones— se enfrenta siempre y por fuerza con el futuro, es decir, con circunstancias inciertas, por lo cual el actuar tiene invariablemente carácter especulativo.” (Mises 2011, p. 70)

Y si según Joel la especulación en sentido amplio es un valor de uso (Serrano 2025, pp.111, 114, 145 y 155), y como afirma Mises toda acción humana es especulativa, entonces toda acción implicaría valor de uso y por tanto el teorema se queda sin un solo caso al que poder aplicarse. 

Hasta aquí he mostrado que, incluso aceptando el teorema, Joel no lo salva sino que lo vacía de contenido, lo anula. Pero la “culpa” no es de Joel, el problema es que el teorema no tiene salvación posible, porque es incoherente y erróneo de raíz.

El teorema de regresión es un error

La razón por la que, en mi opinión, Joel fracasa en su defensa es que el teorema es un error como expliqué aquí. Realmente no hay ningún problema en que comprador y vendedor acuerden un precio inicial para un medio de cambio totalmente nuevo.  

Si el objeto no tiene ningún tipo de valor para otros, ni de uso ni de cambio, es decir, nadie excepto su inventor lo demanda aún, pues lo normal es que quien quiera obtener unidades del candidato a medio de cambio porque observe que tiene buenas cualidades objetivas para acabar siéndolo (cantidad limitada, divisible, fungible, barato de transportar y almacenar, etc), ofrezca un precio ínfimo entregando a cambio el menor valor posible, con vistas a que otras personas realicen la misma observación sobre sus cualidades objetivas y también lo demanden en el futuro por esa misma razón. Si la cantidad es limitada y la demanda creciente, es racional apostar a que el valor aumente. 

Esa demanda potencial futura, ese descubrimiento paulatino, es una expectativa perfectamente racional y realista precisamente porque prácticamente nadie conoce aún el objeto. Así que si la apuesta sale bien, y dado que la cantidad del objeto es limitada, toda la demanda adicional puede generar un gran beneficio. Y si sale mal, la pérdida sería ínfima. 

Como afirmé más arriba, yo no creo que sea necesario ningún precio previo para que comprador y vendedor lleguen a un acuerdo, pueden acordarlo por un mero procedimiento de tanteo o regateo.  Pero es que independientemente de lo que yo crea, es imposible, según el propio Mises, que no exista ninguna referencia. Veamos:

“Desde el punto de vista de la persona que hace la valoración, el cálculo de si un cierto acto de producción justifica un cierto gasto de bienes y trabajo es exactamente el mismo que la comparación de los valores de las mercancías que se desea dar a cambio y los valores de las que se quiere adquirir, valoración que debe preceder a la transacción. Por esto se ha dicho con razón que todo acto económico puede considerarse como un acto de cambio.” (Mises 1997, p.12)

Y también en Acción Humana:

“La acción consiste en pretender sustituir un estado de cosas poco satisfactorio por otro más satisfactorio. Denominamos cambio precisamente a esa mutación voluntariamente provocada. Se trueca una condición menos deseable por otra más apetecible. Se abandona lo que satisface menos, a fin de lograr algo que apetece más. Aquello a lo que es preciso renunciar para alcanzar el objeto deseado constituye el precio pagado por éste. El valor de ese precio pagado se llama coste. El coste es igual al valor que se atribuye a la satisfacción de la que es preciso privarse para conseguir el fin propuesto.” (Mises 2011, p. 117)

Es imposible poseer un objeto sin haber incurrido en ningún coste para obtenerlo, por ínfimo que sea. Y en esta cita Mises nos dice que ese coste es un precio. Y en eso estoy totalmente de acuerdo (independientemente de que, insisto, yo no lo vea un requisito necesario). 

Por tanto, el problema que Mises plantea de que comprador y vendedor sean incapaces de estimar un precio para el candidato a medio de cambio por falta de poder adquisitivo en el inmediato pasado, es un problema inexistente según su propia teoría. El sujeto que posea el candidato empleó tiempo y/o recursos para obtener ese objeto. Ese coste ya es una referencia de precio, da igual que ese precio no haya surgido de un intercambio interpersonal, o que no sea poder adquisitivo. Sigue siendo una referencia más que suficiente para que comprador y vendedor fijen un precio por tanteo.

Se podría discutir que Mises no exige un coste sino un poder adquisitivo previo, que no es lo mismo pues lo segundo demuestra demanda pasada por parte de terceros.  Pero es una argumentación muy débil porque demanda ya hay siempre al menos una, la del propietario del candidato, y si ya existe demanda por parte de un sujeto, desde un punto de vista praxeológico no hay razón para descartar demanda por parte de más sujetos. Y en todo caso, es obvio que el coste puede servir perfectamente como referencia aunque no sea poder adquisitivo.

El que demande unidades del nuevo candidato a medio de cambio lo hará por una expectativa de valor futuro, no por lo que le costara o dejara de costarle a su contraparte.  Y si lo que se pide a cambio es, por ejemplo, el coste más un margen, y este es muy inferior a su valoración futura, pues es racional para él demandarlo. 

Por otro lado, si el propietario del candidato a dinero “se sube a la parra” y me pide demasiado, yo podría obtener unidades del candidato a medio de cambio por mi cuenta.  En el caso que nos ocupa, Bitcoin, al principio se podían minar unidades por un coste irrisorio.  Por eso el primer vendedor de Bitcoin no podría pedir demasiado a cambio por mucho que él lo valorase, porque existía la posibilidad de minarlos por un coste ínfimo tal y como explicaba Finney.

Todo lo anterior solo muestra la incoherencia interna en la teoría del dinero de Mises, pero el error fundamental del que el teorema de regresión es tan solo una mera consecuencia, es pretender explicar el valor del dinero por su poder adquisitivo.

El origen del error de Mises

Mises toma un camino distinto al de sus predecesores a la hora de explicar el valor del dinero. Aunque asume la teoría del valor subjetivo para explicar el valor de lo que él considera mercancías (bienes que si o si tienen valor de uso), elabora una teoría especial para explicar el valor del dinero que enlaza con la del valor subjetivo utilizando el teorema de regresión. Como hemos dicho, a diferencia del resto de bienes, Mises considera que el valor del dinero se fundamenta en su poder adquisitivo.

Mises descarta la teoría de la mercancía (o de los medios de cambio) de Menger. Más allá de rescatar la idea del origen evolutivo del dinero y que no es una criatura del Estado,  elabora una teoría propia de los medios de cambio y del dinero basada en su poder adquisitivo. Para Mises el término  “mercancía” se refiere a una cuestión técnica dejando su investigación al psicólogo y a la ciencia de las mercancías (warenkunde), este concepto de mercancía es totalmente técnico para él y queda fuera del estudio de la teoría económica (Mises 1912, p. 95).

Mises solo recoge el concepto de negociabilidad de Menger para explicar históricamente el origen evolutivo del dinero, pero cuando pasa a explicar su valor descarta totalmente la negociabilidad y se centra únicamente en su poder adquisitivo. Tanto es así, que en el teorema de regresión cuando finalmente retrocede hasta una mercancía, lo relevante para Mises es el valor debido a su utilidad técnica no monetaria (utilidad industrial o de consumo), en ningún caso su negociabilidad.

La diferencia con la teoría de Menger

Hasta aquí la crítica a la tesis de Joel y a la teoría de Mises. Pero quiero ser constructivo y ofrecer una alternativa. Pues bien, a la luz de la teoría de la mercancía y al concepto de valor de cambio de Menger, el problema que el teorema de regresión pretende resolver sencillamente no existe.

Para Menger el dinero es un medio de cambio más en cuanto a su naturaleza, una mercancía más (Menger 1923, p.242), y el valor de su prima monetaria, sea esta prima total o parcial, se explica como el de cualquier mercancía, por las cualidades objetivas que le confieren una mayor negociabilidad. Lo que distingue al dinero de las demás mercancías no es una naturaleza distinta, sino una negociabilidad relativa superior (Menger 2013, p 103). Es decir, la misma teoría que la de cualquier otro bien: la aptitud de sus cualidades para satisfacer una necesidad humana, en este caso la necesidad de intercambiar. 

Los huevos se valoran porque tienen las cualidades objetivas para satisfacer el hambre y además son relativamente escasos (la cantidad necesitada es mayor que la cantidad disponible). Pues con el dinero lo mismo, se valora que tenga buenas cualidades para intermediar intercambios. Pensemos por ejemplo una mercancía para cuya verificación hicieran falta varios días, pues estaremos de acuerdo que no sería muy apta para realizar transacciones cotidianas de pequeño importe. 

Hay que destacar que según la definición de Menger una mercancía siempre ha de ser un bien económico, un bien escaso. Partiendo de la base de que una mercancía es un bien destinado al intercambio, nadie pone a la venta un bien que considera abundante, pues sabe que nadie se lo va a comprar. En ese sentido, una cualidad fundamental es la cantidad limitada del objeto que Menger coloca como una de las primeras cualidades que influyen en la negociabilidad de las mercancías (Menger 2013, p.87), y es precisamente esta cualidad lo primerísimo que llama la atención al bueno de Hal Finney en el caso de Bitcoin: “es interesante que el sistema se puede configurar para que solo permita generar una cantidad máxima de monedas” (Finney 2011, traducción libre), y que además es el pilar fundamental de su cálculo de valor.

La solución al “no problema”

Como he explicado, un objeto puede ser valorado y por tanto demandado por sus cualidades objetivas para facilitar intercambios (cantidad limitada, fácil de almacenar, transportar, dividir y verificar, etc), que son directamente observables en el objeto.

Si un sujeto, llamémosle Satoshi, lo puede demandar únicamente por esas cualidades, ya es una mercancía para él pues solo lo posee para intercambiarlo, lo consiga finalmente o no. Ya tiene valor de cambio para él. Como expliqué en las entregas anteriores, el carácter de mercancía de un objeto es una relación que decide el sujeto, y que es previa e independiente al hecho de que la mercancía se acabe vendiendo o no. Una mercancía es un bien destinado a satisfacer necesidades indirectamente, es decir, tiene valor de cambio para su propietario en tanto en cuanto sea una mercancía para él.

Es necesario insistir que la cantidad limitada es una cualidad crucial para un medio de cambio, pues sin esa cualidad no puede haber ninguna expectativa de escasez, y por tanto ninguna expectativa de valor. Y no tiene ningún sentido entregar nada a cambio de un objeto abundante que no tiene valor.

Para muestra, un botón: La cadena de bloques original de Bitcoin, la que lanzó Satoshi, nadie la utiliza. La cadena vigente es una nueva que hubo que lanzar retrocediendo cinco bloques en agosto de 2010 debido a un error en la original por el que se emitieron miles de millones de unidades de Bitcoin. La cadena original es igual de útil técnicamente que la actual, y sin embargo no tiene ningún valor. La única diferencia sustancial es que la original permitía generar cantidades ilimitadas de unidades. La causa del valor es la escasez, no la utilidad.

Aclarado lo anterior, como para cualquier otra mercancía, para poder venderla y que llegue a generar un precio, hay que esperar a que un tercero esté dispuesto a entregar algo a cambio. Toda mercancía es un bien relacional y necesita como mínimo la expectativa de participación de un tercero. Bien, pues si el objeto no tiene valor de uso y ningún tercero se acaba interesando por él porque no le confiere ni valor de uso ni valor de cambio, y el propietario se da por vencido, el objeto perdería su carácter de mercancía y se abandonaría como un simple objeto sin ningún valor, como pasa continuamente con infinidad de mercancías novedosas que nadie quiere.

Pero si ya existe un sujeto que atesora el objeto en cuestión por la aptitud de sus cualidades objetivas para intermediar intercambios, automáticamente debemos admitir como posible que otro sujeto, llamémosle Harold, llegue a esa misma conclusión. Harold, además, podría estar muy interesado en la cantidad estrictamente limitada del objeto, lo que implica que puede ser importante para él anticiparse en atesorarlo para conseguir un asiento en primera fila.

Ya tenemos demanda de un tercero y posibilidad de intercambio. ¿Cuál sería el primer precio que tanto atormenta a Mises? Pues cualquiera que las partes acuerden libremente. Pueden tomar como referencia, por ejemplo, el coste de producción del propietario, que de hecho es lo que se utilizó en el primer intercambio documentado de Bitcoin por dólares en New Liberty Standard. Existen multitud de mecanismos para negociar precios, como las subastas convencionales o las subastas holandesas. Esto es el menor de los problemas, lo normal es realizar un simple regateo para llegar a un acuerdo que convenga a las dos partes y listo.

Conviene insistir en que cualquier referencia de coste o precio no funda en ningún caso el valor. Tomarlo como referencia es una consecuencia de que exista valor, es tan solo un posible punto de partida para negociar el precio, nada más. 

Y en cualquier caso, si precisamente el objeto está diseñado para tener un coste de atesoramiento ínfimo y además su coste de adquisición es también muy bajo porque al ser novedoso casi nadie lo demanda aún, la imposibilidad de que ni el comprador ni el vendedor puedan estimar su precio por falta de cualquier referencia anterior no solo no existe, pues siempre tenemos el coste, sino que además esa ausencia de toda demanda anterior y presente se traducirá casi con toda seguridad en un bajísimo coste de adquisición, que es un incentivo altísimo para que Harold lo demande debido a la enorme y favorable asimetría de la apuesta.

En caso de que otros terceros vayan llegando a la misma conclusión que Harold al conocer las cualidades objetivas del objeto y decidan demandarlo, Harold se hará muy rico. Proceso que ya describió Menger explicando como los agentes más hábiles demandan las mercancías más negociables para su propio provecho económico (Serrano 2025, p. 170). Mises también suscribe este mismo proceso (Mises 2011, p. 488). Y es evidente que el beneficio potencial de participar en ese proceso es mayor y el riesgo de pérdidas menor cuanto más bajo sea el coste de adquirir el objeto.

Conclusión

Como hemos expuesto, el teorema de regresión trata de solucionar un problema que no existe. La explicación teórica del valor de Bitcoin es muy sencilla: Es una mercancía con buenas cualidades para facilitar intercambios, en especial a largo plazo. Y como he sostenido en otras ocasiones, es precipitado pretender encajarlo en la teoría del dinero, pues no es un intermediario general de los intercambios. Solo las mercancías relativamente más líquidas llegan a ser dinero, y eso es un proceso largo que puede llegar a darse o no. La mercancía bien podría quedarse acotada para determinados tipos de intercambio a largo plazo en los que presta un mejor servicio que el actual dinero fiat, como es el caso del oro en monedas o lingotes en la actualidad, y como de momento parece ser el caso con Bitcoin para especular a largo plazo.

Bibliografía
  • Finney, Hal (2011) mail-archive.com  
  • Menger, Carl  1909 (2013). El dinero. Madrid: Unión Editorial 
  • Menger, Carl (1923). Grundsätze der Volkswirtschaftslehre (zweite auflage). Hölder – Pichler-Tempsky A.G. Wien / G. Freytag G.M.B.H. / Leipzig
  • Mises, Ludwig von (1912). Theorie des Geldes und der Umlaufsmittel. Munich & Leipzig: Verlag von Duncker & Humblot
  • Mises, Ludwig von 1912 (1997). La teoría del dinero y del crédito. Madrid: Unión Editorial.
  • Mises, Ludwig von 1949 (2011). La acción humana. Madrid: Unión Editorial.
  • Serrano, Joel (2025). Bitcoin como dinero fuerte: Una interpretación de Bitcoin a la luz de la Escuela Austriaca de Economía. Universidad Rey Juan Carlos, Madrid.

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