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Por qué peleamos

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El 12 de octubre de 2005, miércoles, un grupo de personas con más moral que el Alcoyano se reunió en un bajo destartalado y falto de muebles de La Latina con intención de escuchar la primera conferencia del naciente Instituto Juan de Mariana. Su fundador, Gabriel Calzada, invitó a su director de tesis, un excéntrico profesor universitario que hablaba sobre privatizar carreteras y que el individuo debía ser el único motor, y responsable, de su existencia.

El profesor Huerta de Soto, con algo más de pelo que hoy, se dirigió a los asistentes durante casi una hora para hablar sobre el futuro del liberalismo; no sólo en España, sino en todo el mundo. Con su habitual mensaje esperanzador, el profesor quiso poner la primera piedra en un cambio ideológico que habría de desembocar en un cambio social. Ninguno de los presentes se imaginaba lo que vendría dos décadas después.

A punto de conmemorar las dos décadas de la productiva vida del Instituto, por primera vez en la historia un país ha elegido un presidente abiertamente libertario. No sólo eso. Javier Milei se define como dijo intelectual de Jesús Huerta de Soto y Alberto Benegas Llynch (h), entre otros muchos. Aquel grupo de personas que se reunió con intención de cambiar la política ha visto cómo, tras dos décadas de mucho sufrimiento, un país como Argentina ha comenzado a transitar por la senda correcta. No nos han dado Suiza para probar las ideas que hemos concluido como correctas. Pero, si de verdad queremos que se nos recuerde por estar en el lado correcto de la historia, tenemos que ganar en el terreno más difícil

La situación de Argentina en diciembre

¿Y cuál es ese terreno? El de un país simple y llanamente devastado. No tenemos que añadir nada a lo que Javier Milei se ha encontrado. Lo que debemos poner en liza es que Milei parte de la posición más difícil y desventajosa posible. Nunca en la historia un gobierno heredó una situación peor. Ni en los cambios de régimen, ni cuando una dictadura comunista emergió tras un golpe de Estado, ni cuando Allende llegó al Palacio de la Moneda. Jamás, nunca, en ninguna situación, un gobierno tuvo que hacer frente a una situación de emergencia nacional de semejante calibre. O puede que se diera una situación parecida.

Cuando los aliados invadieron Alemania en 1945 y crearon una suerte de directorio militar para gobernar al país derrotado, la política económica fue encargada a un corpulento fumador de puros, Ludwig Erhard. Sin consultar con los aliados, Erhard firmó el 18 de junio de 1948 un decreto por el que anulaba todos los controles de precios en la zona de los aliados occidentales. De forma sorpresiva y nada gradualista, se acabaron los controles de precios un 20 de junio.

Cuando los aliados llamaron a Erhard al día siguiente para pedirle explicaciones, éste respondió que sus inspiradores en la teoría económica, entre los que se encontraba Mises, habían concluido que los controles de precios fomentaban la escasez y que la única forma de volver a ver productos en los mercados era eliminar cualquier tipo de control de precios. Dicho y hecho. En 1952, la República Federal de Alemania consigue su primer superávit comercial. En cuatro años habían pasado de ser una nación devastada a iniciar el milagro económico alemán. Bueno, toda la nación no, ya que la parte oriental soportó el comunismo casi cuatro décadas más.

¿Por qué luchamos?

Javier Milei nos ha recordado aquello por lo que hacemos lo que hacemos. Por qué nos reunimos semanalmente, ya haga un frío que pela o un calor espantoso. Por qué organizamos cenas de la libertad, congresos de verano, seminarios de formación permanente, escribimos comentarios mensuales, presentamos comunicaciones al Congreso de Economía Austriaca o nos enfrascamos durante días y días en la lectura de pensadores del siglo pasado o de hace cinco.

La respuesta es porque nos importa el bienestar del ser humano. Porque somos empáticos. Porque queremos la riqueza para todos que trae la economía de mercado, los derechos de propiedad y la igualdad ante la ley. Y porque sabemos, como el padre Mariana nos previno, que el poder descontrolado ejerce una losa sobre el individuo que le lleva a vivir peor; a expensas del arbitrio político, a convertirse en una nulidad en la planificación de su propia vida, a ser un número controlado por una burocracia lesiva y acaparadora de todo el bienestar del país.

Ver también

3 Comentarios

  1. Estimado articulista:

    El Sr. Ludwig Erhard., fue discipulo de Franz Oppeheimer (un Ricardiano social-democrata), del profesor de economía de Colonia Alfred Müller-Armack, así como Wilhelm Röpke (un neoclasico no austriaco; este si conocio a Mises y sobre todo a Hayek) y Walter Eucken.

    Por lo tanto, su «historia» es un mito sin ningún fundamento; a continuación le reproduzco unas citas de Ghido Hulsmann, relativas a la biografia que escribio sobre Ludwig Von Mises:

    MISES Y LOS NEOLIBERALES ALEMANES
    Por Ghido Hulsmann

    «»Además, en una de las grandes ironías de la historia, los principios liberales acababan de ser aplicados con un éxito abrumador en Alemania, y un conocimiento profundo de Ludwig Erhard y de los líderes intelectuales de las reformas alemanas prometía ser útil para los libertarios americanos en sus luchas en casa. Nadie en los Estados conocía a los reformistas, y la curiosidad era grande. Impulsado por las noticias de Alemania, Leonard Read preguntó a Mises por Erhard. La respuesta:

    «»El único dato que conozco sobre el profesor Erhard es que es el presidente del Consejo Asesor Económico. Este consejo es moderadamente intervencionista y se opone al New Dealismo radical de los partidos políticos alemanes y del Gobierno Militar británico abiertamente socialista. Es posible que la firmeza del Consejo en este asunto sea un logro de la actitud inflexible de Erhard y de la persuasión de su exposición de los principios del verdadero liberalismo.»»
    Los partidarios de la variedad más reciente de intervencionismo, la «soziale Marktwirtschaft» alemana, subrayan que consideran que la economía de mercado es el mejor sistema posible y más deseable de organización económica de la sociedad, y que se oponen a la omnipotencia gubernamental del socialismo. Pero, por supuesto, todos estos defensores de una política intermedia subrayan con el mismo vigor que rechazan el manchesterismo y el liberalismo del laissez-faire. Es necesario, dicen, que el Estado interfiera en los fenómenos del mercado siempre y cuando el «libre juego de las fuerzas económicas» dé lugar a condiciones que parezcan «socialmente» indeseables. Al hacer esta afirmación, dan por sentado que es el gobierno el que está llamado a determinar en cada caso si un hecho económico concreto debe considerarse o no como reprobable desde el punto de vista «social» y, en consecuencia, si el estado del mercado requiere o no un acto especial de interferencia gubernamental.

    Todos estos defensores del intervencionismo no se dan cuenta de que su programa implica así el establecimiento de la plena supremacía del gobierno en todos los asuntos económicos y, en última instancia, da lugar a un estado de cosas que no difiere de lo que se llama el modelo alemán o de Hindenburg del socialismo. Si es competencia del gobierno decidir si determinadas condiciones de la economía justifican o no su intervención, no se deja ningún ámbito de actuación al mercado. Entonces ya no son los consumidores los que determinan en última instancia qué debe producirse, en qué cantidad, de qué calidad, por quién, dónde y cómo, sino el gobierno. Porque en cuanto el resultado obtenido por el funcionamiento del mercado sin trabas difiere de lo que las autoridades consideran «socialmente» deseable, el gobierno interfiere. Esto significa que el mercado es libre siempre que haga precisamente lo que el gobierno quiere que haga. Es «libre» para hacer lo que las autoridades consideran «correcto», pero no para hacer lo que consideran «incorrecto»; la decisión sobre lo que está bien y lo que está mal corresponde al gobierno. Así, la doctrina y la práctica del intervencionismo tienden finalmente a abandonar lo que originalmente los distinguía del socialismo puro y duro y a adoptar por completo los principios de la planificación totalitaria.10
    «»»
    Por cierto, el Sr. Ludwig Erhard, junto con sus mentores intelectuales fueron los que acuñaron el termino «Economia Social de Mercado», el tipico concepto o termino «comadreja»; las comadrejas, tienen la habilidad de vaciar de «contenido» los huevos dejandolos en apariencia «intactos».
    Un cordial saludo.

  2. Y de aquellos polvos, tenemos el lodo de la Von der Leyen o como se llame; una cretina que no desmerece a la Pijo-Enarca de la Lagarde del BCE.

  3. Yo creo que también peleamos para que no triunfe ese fraude y manifiesta operación de engaño que hoy sigue vivo y coleando (ver el artículo adyacente de Andras) en formas cada día cambiantes y renovadas: la inducida creencia en el polilogismo que está en la base de tanto daño y tantas aberraciones (marxismo, fascismo, democracias iliberales que persiguen a las minorías y a las personas –a veces en nombre de «la libertad» o de una nación o clase social–, que «juegan» con la noción de verdad para ellos mismos indisimuladamente colocarte de solapadillo «su» propia mentira como si fuera la verdad –esa misma verdad que antes ellos negaban y jugaban con que no pudiera existir ni buscarse–). Ver por ejemplo:
    –Wanjiru Njoya «Varying Interpretations of Truth, or Truth as a Social Construct»
    https://mises.org/mises-wire/varying-interpretations-truth-or-truth-social-construct
    — Wanjiru Njoya «Reality Is NOT a Social Construct»
    https://mises.org/mises-wire/reality-not-social-construct
    — Mises «Human Action» capítulo III «Economics and the revolt against reason» (pp. 75-92, https://cdn.mises.org/Human%20Action_3.pdf
    … que viene justo antes de presentar su propuesta de teoría económica en forma de Praxeología (teoría de la acción), alternativa o complementaria a la previa presentada por Carl Menger en 1871 como teoría de valor y de los bienes que supuso el inicio de la revolución marginalista en Economía).


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