Herodoto (1982) ya en el siglo V a.C. planteaba cuestiones económicas y debates que parecieran ser propios de la modernidad. Es el caso de la relación entre el dinero (la riqueza) y la felicidad, uno de los grandes temas tras el desarrollo de la Revolución Industrial y el desarrollo del capitalismo moderno. Otro ejemplo es el de la especialización de la producción de los países de cara al comercio exterior, cosa bien tratada por Adam Smith (2019) y David Ricardo (1985, pp. 79-86) con el concepto de ventaja comparativa. Ambos temas se encontraban ya en los escritos del conocido como el primer historiador de la Historia.
En cuanto a la relación de la felicidad y la riqueza, hay quien se ha atrevido a decir, incluso, que el dinero es señal de felicidad eterna, como es el caso de los teólogos de la prosperidad que se basaron en las enseñanzas de Calvino. No obstante, lo común es pensar que no siempre vienen acompañadas. Herodoto (1982), a través de un diálogo, pone en boca de Solón lo siguiente:
El hombre muy rico no es más feliz que el que vive al día, si la fortuna no le acompaña hasta acabar la vida en toda su prosperidad. Muchos hombres opulentos son desdichados, y muchos que tienen hacienda moderada son dichosos. El que es muy rico pero infeliz, en dos cosas aventaja solamente al que es feliz, pero no rico, mientras este aventaja a aquel en muchas. Es más capaz de satisfacer sus deseos y de hacer frente a una gran calamidad. Pero el otro le aventaja en muchas cosas: si no es tan capaz frente al deseo y a la calamidad, su fortuna se los aparta; no tiene achaques ni enfermedades, está libre de males, es dichoso en sus hijos, es hermoso (p. 25).
No obstante, es difícil cumplir al completo con esta lista de fortunas no económicas. Así lo considera el antiguo historiador:
Es imposible que, siendo mortal, reúna nadie todos estos bienes; porque así como ningún país produce cuanto necesita, antes abunda en una cosa y carece de otras, y se tiene por mejor aquel que en más abunda, del mismo modo no hay hombre alguno que de todo lo bueno se halle provisto, que unas cosas tiene y que otras le faltan (25).
Y esta comparativa de Herodoto es la más interesante para el cometido de este texto, pues da la sensación de ser una especie de preludio a una de las tesis de Adam Smith (2019) más influyentes:
La máxima de cualquier prudente padre de familia es nunca intentar hacer en casa lo que le costaría más hacer que comprar. El sastre no fabrica sus zapatos, sino que se los compra al zapatero. El zapatero no se hace sus vestidos, sino que recurre al sastre. El granjero no intenta hacer ni unos ni otros, sino que acude a esos artesanos. Todos ellos comprenden que les resulta más conveniente emplear su esfuerzo de forma de tener alguna ventaja sobre sus vecinos, y comprar lo que necesitan con una parte del producto de su esfuerzo, o lo que es lo mismo: con el precio de una parte. Lo que es prudente en la conducta de una familia nunca será una locura en la de un gran reino. Si un país extranjero nos puede suministrar una mercancía a un precio menor que el que nos costaría fabricarla, será mejor comprársela con el producto de nuestro trabajo, dirigido en la forma que nos resulte más ventajosa (408-409).
Queda claro que la intencionalidad de Herodoto no es la de Smith, pues el primero trata de explicar por qué es natural en el hombre y en los países que haya diferencias en cuanto a las propiedades que los caracterizan; y el segundo está desarrollando una tesis sobre el comercio internacional. Pero las premisas del inglés están ya en el griego. De hecho, en el caso del historiador, destaca la frase “ningún país produce cuanto necesita”, que resalta ya en la Antigüedad el valor del comercio internacional.
Herodoto asume como natural el hecho de que los países se especializan en las necesidades y productos sobre los que tienen ventaja (“abunda en una cosa y carece de otras, y se tiene por mejor aquel que en más abunda”). Esto, a partir de Smith, será un pilar del desarrollo de todas las teorías comerciales.
Bibliografía:
Herodoto. (1982). Los nueve libros de la Historia. Orbis.
Ricardo, D. (1985). Principios de economía política y tributación. Orbis.
Smith, A. (2019). La riqueza de las naciones. Biblioteca Nueva.
Serie La economía a través del tiempo
- (I) El estudio de la historia del pensamiento
- (II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad
- (III) El Estado y las formas de intervención
- (IV) La primera disciplina fue la economía
- (V) La educación y el trabajo para los sumerios
- (VI) Los impuestos para los sumerios
- (VII) La riqueza para los asirios
- (VIII) Urakagina, el primer Juan de Mariana
- (IX) La meritocracia y el ahorro para los egipcios
- (X) Los egipcios se adelantaron a Weber
- (XI) Los egipcios se adelantaron a Aristóteles
- (XII) La política económica de los egipcios
- (XIII) Jóvenes y estabilidad política para los egipcios
- (XIV) Riqueza y divinidad en la antigüedad
- (XV) Grecia y la economía como ciencia
- (XVI) Del oikos a la polis griega
- (XVII) Grecia, Hesíodo, la escuela austríaca y el buen conflicto
- (XVIII) La escuela austríaca y los sofistas
- (XIX) El error de Marx con el comercio griego
- (XX) Marx y el capital en la antigua Grecia
- (XXI) Adam Smith, Grecia, y la economía de guerra
- (XXII) Adam Smith y la riqueza del maestro griego
- (XXIII) La Ilíada y el poder del más fuerte
- (XXIV) Homero y la visión negativa del comercio
- (XXV) El comercio aristocrático griego en Homero y Hesíodo
- (XXVI) La edad de oro
- (XXVII) Hesíodo y la caja de Pandora
- (XXVIII) Los griegos y la indignidad del holgazán
- (XXIX) Los límites de la riqueza en Hesíodo
- (XXX) Hesíodo y la economía familiar
- (XXXI) La cigarra y la hormiga
- (XXXII) Esopo y la responsabilidad del poderoso

