Tras tratar a Heródoto como “primer historiador” anteriormente, se hace necesario aludir a Tucídides como el primer historiador científico. Iglesias-Zoido (2006, 1) destaca que fue “el primer historiador griego que ofrece un capítulo metodológico en el que, en primer lugar, coloca hechos y palabras en el mismo nivel”. Es decir, su relevancia reside en el uso de la evidencia empírica, el análisis lógico de causas y efectos materiales y el escepticismo ante lo sobrenatural, lo que incluye la exclusión de la intervención de los dioses o los mitos como causas de los eventos. Su vida transcurrió entre el año 460 a. C. y el 400 a. C. y, además de historiador, fue general ateniense de la Antigua Grecia, célebre por ser el autor de la Historia de la Guerra del Peloponeso, una obra monumental que relata el conflicto bélico entre Atenas y Esparta.
Y en esa obra (Tucídides, 1986), una de las partes más destacadas es el discurso de Pericles en el Senado de Atenas. En él, el magistrado ateniense deja caer lo siguiente cuando establece las bases para prever la victoria en la guerra:
En lo que al presente se consulta, persisto en mi anterior opinión y me parece justo que aquellos de vosotros que participaban de ella, si después en algo errásemos, me ayuden a sostener su parecer y el mío; y si acertásemos, que no lo atribuyan a mi sola prudencia y saber, pues comúnmente vemos que los casos y sucesos son tan inciertos como los pensamientos de los hombres. Por esta razón, cuando nos ocurre alguna cosa no pensada, acostumbramos a culpar a la fortuna (p. 90).
En ese texto, subyacen dos ideas que mucho más tarde serán parte de la base de algunas teorías económicas: existen sucesos inciertos y los pensamientos de los hombres también lo son. Para algunos autores (Alsina, 1981, 47), esto sólo refleja una actitud trágica, cierto pesimismo por el desarrollo de los acontecimientos, pues se darían, al menos en parte, de forma irracional. Por extensión, también hay quien relaciona estas afirmaciones con el propio pensamiento de Tucídides: “La introducción de ese factor irracional en el acontecer histórico nos coloca de lleno ante uno de los aspectos más importantes del pensamiento tucidídeo (Alsina, 1981, 47)”.
Y, paradójicamente, ese elemento irracional que acaba por mover el mundo se percibe de forma irracional por los griegos de la época, transformándose en la fortuna (Tyche), una divinidad que personifica el destino. Precisamente, Tucídides rompe, siguiendo su método racional, con esa irracionalidad, asegurando que existen cosas inciertas, azarosas, “como los pensamientos de los hombres”.
Esta imposibilidad de medir y predecir los pensamientos, que puede asemejarse a lo que ahora se conoce como qualias en el ámbito de la filosofía de la mente, podría interpretarse como una de las bases del valor subjetivo mengeriano (Menger, 1985, 199), aunque, con más fuerza, se puede relacionar con la idea de conocimiento disperso de Hayek (1997).
Defiende Hayek que “los data de los que parte el cálculo económico no están, y nunca pueden estar, dados para una mente individual que pueda establecer las implicaciones para el conjunto de la sociedad (p. 216)”. Es decir, toda la información de carácter subjetivo, los pensamientos de los hombres para Tucídides, es incierta, algo que impone que el lado de la oferta deba ser igual de dinámico que el de la demanda, según la Escuela Austríaca.
Y en el transcurrir de la historia de Tucídides, que parte de ese análisis racional en contraste con sus predecesores, suceden numerosos eventos productos de la “casualidad” (Alsina, 1981, 50). Esta forma de ver el tiempo, el futuro y el comportamiento humano ha sido crucial a la hora de formar teorías económicas.
Bibliografía
Alsina, J. (1981). Tucídides, historia, ética y política. Rialp.
Hayek, F. A. (1997). El uso del conocimiento en la sociedad. Revista Española de Investigaciones Sociológicas, (80), 215-226. https://web.archive.org/web/20091211045626/http://dialnet.unirioja.es/servlet/fichero_articulo?codigo=759437&orden=81144 (Trabajo original publicado en 1945).
Iglesias-Zoido, J. C. (2006). El sistema de engarce narrativo de los discursos de Tucídides. Talia Dixit. Revista Interdisciplinar de Retórica e Historiografía, (1), 1-28.
Menger, C. (1985). Principios de economía política. Orbis.
Tucídides. (1986). Historia de la Guerra del Peloponeso. Orbis.
Serie La economía a través del tiempo
- (I) El estudio de la historia del pensamiento
- (II) Individuo y colectivo, comunidad y sociedad
- (III) El Estado y las formas de intervención
- (IV) La primera disciplina fue la economía
- (V) La educación y el trabajo para los sumerios
- (VI) Los impuestos para los sumerios
- (VII) La riqueza para los asirios
- (VIII) Urakagina, el primer Juan de Mariana
- (IX) La meritocracia y el ahorro para los egipcios
- (X) Los egipcios se adelantaron a Weber
- (XI) Los egipcios se adelantaron a Aristóteles
- (XII) La política económica de los egipcios
- (XIII) Jóvenes y estabilidad política para los egipcios
- (XIV) Riqueza y divinidad en la antigüedad
- (XV) Grecia y la economía como ciencia
- (XVI) Del oikos a la polis griega
- (XVII) Grecia, Hesíodo, la escuela austríaca y el buen conflicto
- (XVIII) La escuela austríaca y los sofistas
- (XIX) El error de Marx con el comercio griego
- (XX) Marx y el capital en la antigua Grecia
- (XXI) Adam Smith, Grecia, y la economía de guerra
- (XXII) Adam Smith y la riqueza del maestro griego
- (XXIII) La Ilíada y el poder del más fuerte
- (XXIV) Homero y la visión negativa del comercio
- (XXV) El comercio aristocrático griego en Homero y Hesíodo
- (XXVI) La edad de oro
- (XXVII) Hesíodo y la caja de Pandora
- (XXVIII) Los griegos y la indignidad del holgazán
- (XXIX) Los límites de la riqueza en Hesíodo
- (XXX) Hesíodo y la economía familiar
- (XXXI) La cigarra y la hormiga
- (XXXII) Esopo y la responsabilidad del poderoso
- (XXXIII) Heródoto y el hegemón
- (XXXIV) Heródoto y el comercio internacional
