En amplios sectores de la población, principalmente en la izquierda política, existe la creencia de que los ricos y las empresas multinacionales nunca pagan lo suficiente en impuestos. Creen los colectivistas —estatistas, igualitaristas, marxistas, socialistas— que los ricos deberían ser exprimidos fiscalmente para el beneficio de terceros: los consumidores netos de impuestos. Los ricos, por su parte, no están dispuestos a ser los animales de sacrificio de nadie y preservan como suma eficacia su patrimonio. Los ricos eluden impuestos de varias formas: si poseen activos —acciones, fondos de inversión, inmuebles— no los venden, sino que son utilizados como colateral para pedir prestamos, y el dinero prestado no tributa. Cuando la riqueza proviene de rentas del trabajo —profesionales, artistas, deportistas—, la solución es residir en jurisdicciones fiscales más «amables». Esta realidad irrita a los saqueadores fiscales que buscan nuevas e imaginativas fórmulas de persecución, adornadas frecuentemente de una retórica falaz.
Beneficios caídos del cielo
Al igual que la lluvia o el bíblico maná, los beneficios «caídos del cielo» llegan a las empresas de forma fortuita o milagrosa, fruto de circunstancias externas que elevan las ventas, los precios y la rentabilidad de manera súbita. Esta analogía pretende facilitar la aceptación pública de nuevos impuestos a ciertos ingresos «no merecidos», fruto de la coyuntura o el azar. Un ejemplo es el gravamen de 20% sobre los premios de loterías y apuestas, implantado en España desde 2013.[1]
Impuesto a los beneficios extraordinarios
El término «extraordinario» contiene aquí una carga peyorativa. Algunos consideran inmoral o «indecente» que las empresas obtengan beneficios superiores a lo que ellos subjetivamente consideran «normal», sembrando un halo de duda sobre la legitimidad del origen de las ganancias. La pretensión del saqueador es incrementar aún más la progresividad del impuesto cuando el beneficio sea superior a ciertos parámetros históricos (promedios del sector económico). En un mercado no interferido políticamente, el mayor beneficio de una empresa es la consecuencia de haber servido a sus clientes mejor que lo hecho por sus competidores. La empresa más rentable, por tanto, es la mayor benefactora social.
Impuesto a los beneficios no realizados
El mes pasado, la Cámara de Representantes de Países Bajos aprobó un texto que pretende gravar fiscalmente los beneficios «no realizados» de ciertos activos financieros —acciones de empresas, fondos de inversión— con una tasa plana de 36%. Es una falacia llamar «beneficio» a algo que no se ha producido. Un cambio en la cotización de activos significa beneficios o pérdidas latentes que se reflejan en la contabilidad. Tales beneficios o pérdidas solo son reales cuando se produce la venta del activo. Esta medida, de llevarse a cabo, abriría la puerta a nuevas e imaginativas formas de confiscación; por ejemplo, se podría gravar la revalorización de las tierras o inmuebles. Como ya vimos en su día, la «voracidad» fiscal es una metáfora muy acertada.
Impuesto a las herencias
La herencia también es vista por algunos —igualitaristas, marxistas— como ingreso «caído del cielo» o «no merecido» y, por tanto, puede ser objeto de confiscación. De ser abolido el derecho de herencia, tal y como proponían Marx y Engels (2013: 76), no sólo se produciría un grave daño jurídico (derecho de propiedad), sino que también se debilitaría el vínculo familiar y se produciría un importante consumo de capital en la sociedad. Bajo el pretexto de la igualdad de oportunidades (mito) y la «justicia igualitaria» (oxímoron), el gobierno grava las herencias para engordar su botín fiscal.
Impuesto global sobre la riqueza
El impuesto nunca es global ni colectivo. Cada tributo confisca cantidades discretas de bienes que pertenecen a específicos individuos. En realidad, lo que pretenden los saqueadores «globales» es evitar la competencia fiscal entre Estados y eliminar los refugios fiscales o tax havens. La popularidad de este tipo de iniciativas es que «solo» pretende gravar los grandes patrimonios, como si robar a los ricos fuera menos robo. Otra falacia es que el dinero confiscado se emplearía para financiar proyectos públicos «globales» —clima, salud, desarrollo— cuando el dinero siempre va al bolsillo de específicos individuos. El subjetivismo metodológico es una buena herramienta para desenmascarar estas falacias colectivistas.
Bibliografía
Marx, C. y Engels, F. (2013). Manifiesto del Partido Comunista. Madrid: Fundación de Investigaciones Marxistas.
[1] La medida entró en vigor el 1 de enero de 2013, siendo Cristóbal Montoro (PP) el saqueador oficial del Reino. Desde ese aciago día, este autor no compra loterías ni apuestas.
Serie ‘El lenguaje económico’
- (LVIX) Religión
- (LVIII) Corrupción
- (LVII) Anatomía
- (LVI) Violencia vicaria
- (LV) Geometría
- (LIV) ¿Es el gobierno una mafia?
- (LIII) Sobre la ‘Ley de Say’
- (LII) El chivo expiatorio
- (LI) Sobre la guerra comercial
- (L) Ambigüedad
- (XLIX) Criptomonedas
- (XLVIII) Sobre las cosas ‘gratis’
- (XLVII) Población
- (XLVI) Eufemismos
- (XLV) Huelga de alquileres
- (XLIV) Sobre la calidad
- (XLIII) Sindicalismo
- (XLII) Contraeconomía
- (XLI) Metales
- (XL) Sobre el concepto de ‘modelo’
- (XXXIX) ¿Tiene Canarias un límite?
- (XXXVIII) Las ‘zonas tensionadas’
- (XXXVII) Salario
- (XXXVI) Los colores
- (XXXV) Lo social (III)
- (XXXIV) Lo social (II)
- (XXXIII) Lo social (I)
- (XXXII) El free rider
- (XXXI) La eficiencia
- (XXX) Los fallos del mercado
- (XXIX) Gasolineras
- (XXVIII) Dad al César lo que es del César
- (XXVII) Humanismo
- (XXVI) Publicidad (II)
- (XXV) Publicidad (I)
- (XXIV) El juego
- (XXIII) Los fenómenos naturales
- (XXII) El turismo
- (XXI) Sobre el consumo local
- (XX) Sobre el poder
- (XIX) El principio de Peter
- (XVIII) Economía doméstica
- (XVII) Producción
- (XVI) Inflación
- (XV) Empleo y desempleo
- (XIV) Nacionalismo
- (XIII) Política
- (XII) Riqueza y pobreza
- (XI) El comercio
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- (IX) Fiscalidad
- (VIII) Sobre lo público
- (VII) La falacia de la inversión pública
- (VI) La sanidad
- (V) La biología
- (IV) La física
- (III) La retórica bélica
- (II) Las matemáticas
- (I) Dinero, precio y valor

